‘Los días felices’, en un montaje dirigido por Salva Bolta y protagonizado por Isabel Ordaz

La edil de Cultura, Julia Dorta, y la actriz Isabel Ordaz, en primer término, presentaron ayer la función. / Da

SANTIAGO TOSTE | Santa Cruz de Tenerife

Beckett no da respuestas, pero hace que te formules preguntas. La actriz Isabel Ordaz, conocida para el gran público por su participación en series televisivas como Pepa y Pepe o Aquí no hay quien viva -y asimismo con una carrera cinematográfica que incluye títulos como Chevrolet o Una hora menos en Canarias-, describió con estas palabras el trabajo del dramaturgo irlandés Samuel Beckett (Dublín, 1906-París, 1989).

Ordaz, que hasta hoy (desde las 21.00 horas) afronta en el Teatro Leal de La Laguna el reto de encarnar a la Winnie de Los días felices, presentó ayer en Aguere, junto a la edil de Cultura de la localidad, Julia Dorta, la puesta en escena de este montaje dirigido por Salva Bolta, que también tiene previsto llegar a La Palma, Gran Canaria y la capital tinerfeña.

La condición humana

“Los días felices -apuntó Ordaz- es una obra extraña, que aún no se definir muy bien, de un autor referente de la modernidad y que, junto con Ionesco (1909-1994), inaugura el teatro del absurdo, algo que tampoco sé realmente lo que es”. “Beckett -agregó la actriz- es un poeta dramático que se sigue interesando por la condición humana en una época marcada, sin embargo, por autores que trabajan desde una subjetividad, en la que a mí, como persona y como intérprete me cuesta reconocerme”.

Ahondando en esa línea, Ordaz aludió a las imágenes impactantes que brinda el teatro del autor irlandés, que, en el caso de Los días felices (1960), plantea el soliloquio de una mujer que está encerrada en una duna, cubierta hasta la cintura en el primer acto y hasta el cuello, en el segundo, “para construir un relato tan singular y de tanta altura como los que ofrece en Esperando a Godot (1952) o Final de partida (1957)”.
Y así, la actriz madrileña también habló de cómo este poeta rompe en sus obras de teatro la relación causa-efecto, y también la espacio-tiempo, y presenta en las circunstancias ya descritas a Winnie, “una mujer que podría ser tu tía”, hablando de la forma más convencional de cuestiones como la vida, el amor y la muerte. “La maravilla se halla, precisamente -apostilló la intérprete-, en el contraste entre ese paisaje desolado y lo que dice, y el cómo lo dice, Winnie”.

Reto interpretativo

A preguntas de los periodistas, Isabel Ordaz confesó que escenificar un Beckett supone todo un reto, “porque la actriz ve mermada de forma considerable su capacidad expresiva. De manera que esta obra supone un supremo acto de fe en la palabra y en el poder del teatro”.

“Como dice Albert Boadella -subrayó la intérprete en otro momento de su encuentro con los medios informativos-, Beckett es muy ritualista, y eso algo maravilloso, porque recupera y nos plantea el ritual del teatro, un teatro plagado de símbolos, que quizás se haya perdido en favor de los mensajes demasiado simples, demasiado fáciles”.

Y justo contra esta “mal entendida sencillez” se reveló ayer la actriz en la última parte de la rueda de prensa desarrollada en el Teatro Leal. “El mundo de la cultura tiene que comprometerse en tratar de facilitar al público propuestas de calidad -recalcó-, donde la comida no esté siempre premasticada”. “La cultura europea se forma gracias a autores como Beckett, y si no seguimos llevándolo al teatro, a él o a Chéjov, a Strindberg, a Ibsen o a Lorca, estaremos dando la espalda a una parte muy importante de nuestra cultura”.