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EL DARDO > LEOPOLDO FERNÁNDEZ

A disolverse

   

Vamos a ver si en los próximos días los indignados asamblearios del 15-M, cuyos objetivos comparto en gran medida, cumplen los acuerdos del domingo y resuelven los problemas de convivencia y seguridad que han producido en varias de las céntricas plazas que ocupan desde hace dos semanas en distintas capitales españolas, sobre todo la reducción del espacio público que utilizan a modo de campamento, para permitir que los comerciantes no sufran las consecuencias -graves consecuencias, no hay más que oírles cómo han caído las ventas en sus establecimientos- de sus acciones. Y ello, sin perjuicio del mantenimiento por los organizadores de las protestas de continuar con asambleas, descentralizaciones, reuniones de comisiones y trabajos diversos, así como la preparación de una gran manifestación global -en España, Europa y otros continentes-, que organizaría la plataforma Democracia real ya el 15 de octubre, y con la redacción de una iniciativa legislativa popular que se proponen presentar en el Congreso de los Diputados a modo de compendio de sus reivindicaciones.

En último extremo, varias de las acampadas van a disolverse por decisión propia al considerar que ya han logrado la sensibilización ciudadana que se proponían y carece de sentido mantener indefinidamente los actuales asentamientos urbanos en vista -eso lo digo yo- de que su mensaje empieza a perder frescura y degenera en una politización que los mismos organizadores no desean. Esta decisión me parece oportuna e inteligente porque, en efecto, no parece razonable seguir ocupando unos espacios públicos que en la mayor parte de los casos son a su vez importantes nudos de comunicaciones, lugares turísticamente emblemáticos o zonas urbanas muy congestionadas. De buena parte de esos lugares se tienen referencias sobre insalubridad, malos olores, violación de derechos individuales y de ordenanzas municipales, incluso de problemas de seguridad por la presencia de bombonas de butano, generadores y otros aparatos potencialmente peligrosos.

Hasta ahora, las autoridades han mirado para otro lado y consentido estas concentraciones pese a su manifiesta ilegalidad; pero esta situación no puede prolongarse más por los indudables perjuicios que ocasiona y porque los responsables gubernativos, pasadas ya las elecciones, no pueden permitir la ocupación permanente de los espacios públicos. Supongo que con mano izquierda, prudencia extrema y buena disposición por parte de todos -lo que incluiría en su caso el traslado de las acampadas a lugares menos problemáticos-, se podrá retomar la legalidad tras la incomprensible dejación de estas semanas, impropia del Estado de Derecho.