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SIN EXCUSAS > POR RAQUEL LUCÍA PÉREZ BRITO

Castillo de naipes

   

Europa sigue su rumbo, con sus preocupaciones y tensiones por las deudas soberanas, y en España no nos podemos permitir el lujo de perder tiempo distraídos por los resultados electorales del fin de semana o con unas primarias del partido que gobierna y que hace tiempo no cuenta con el respaldo ciudadano. Es muy conveniente que el Gobierno se plantee anticipar las elecciones generales en lugar de pedir un periodo de reflexión, para permitir que otros tomen las decisiones que son de urgente necesidad, con el respaldo que den las urnas. Y esos otros no tienen muchas opciones más que las de tomar las riendas de la situación y ejecutar nuevas reformas estructurales que nos permitan alejarnos, definitivamente, del conjunto de países considerados de la periferia de la zona euro.

Los resultados de las reformas iniciadas hace un año por el Gobierno de España (la disminución del 5% en el sueldo de los funcionarios, la congelación de las pensiones, la supresión del cheque-bebé, el recorte de 1.200 millones en las transferencias estatales a las comunidades autónomas, los ajustes importantes en la inversión y el retraso en la edad de jubilación) no han dado los resultados esperados en la economía.

El paro seguirá elevándose en los próximos meses; el endeudamiento de las comunidades autónomas no está resuelto, sino todo lo contrario, y se agravará desde que entren los nuevos gobiernos en las instituciones (existe la duda razonable sobre la realidad planteada en las cuentas).

La inflación estructural supera los límites que el Banco Central Europeo considera saludables; el crecimiento económico es tan débil que es casi imperceptible, y el consumo interno se encuentra en cuidados intensivos.

Hemos mejorado, en este último año, las exportaciones, gracias a que Alemania y Francia tiran de la economía española reduciendo nuestro déficit. Pero nuestra situación es tan vulnerable que un traspiés de cualquier país en la eurozona hace que el castillo de naipes pueda caer o tambalearse peligrosamente.

El viernes pasado, Grecia dejó vencer el plazo que le habían dado para presentar un nuevo programa de reformas económicas y ello provocó tensiones y desconfianza en los mercados financieros: el euro cayó frente al dólar, el Ibex cedió un 1,5% y los rendimientos de los bonos griegos subieron hasta alcanzar su máximo nivel desde la unificación monetaria.

El riesgo de los países europeos se disparó, y en el caso concreto de España, el diferencial entre el bono a 10 años y el equivalente alemán ascendió de un día a otro de 227 a 243 puntos básicos.

Ayer, Papandreu se sentó con los líderes de la oposición de Grecia para intentar tener el máximo apoyo posible en su país, para así poder llevar a cabo un nuevo plan de reformas económicas que permita adelantar las privatizaciones, nuevos recortes salariales a los funcionarios, incremento de impuestos y la liberalización de 136 actividades profesionales.

Ésta es la única salida que le ha quedado al país para intentar convencer al FMI, al BCE y a los países de la zona euro de que serán capaces de responder a sus obligaciones en el caso que se les conceda una ayuda adicional.

Las divisiones que se están viviendo estos días entre el BCE, la Comisión, el FMI y los estados miembros no están ayudando en nada a estabilizar la economía. Con coraje, hay que plantear seriamente una unión fiscal para Europa. España, fuera de la Unión Europea, sería rápidamente diluida. La estrategia debe ir encaminada a permanecer dentro de ella y a ayudar a fortalecerla.

*Economista, abogada y politóloga