X
POR PERPLEJITA ME HALLO >

De lujo

   

Desde la detención del entonces director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, por supuesto intento de violación (qué show mediático tan hollywoodiense, por cierto), he escuchado en varias ocasiones y con reiterado espanto un argumento preocupante: por qué hace eso un hombre que puede pagar una prostituta de lujo. Que no tiene necesidad (de andar violando, se entiende). Co-mo si violar fuera cosa de pobres o de agarrados.

Con semejante panorama, el debate sobre la prostitución está condenado a un bucle argumental en el que defensores y detractores seguirán lanzándose razones a la cabeza para, total, no llegar a ningún lado.

Yo los observo a ambos desde una calentita equidistancia, porque no tengo clara mi postura en este aspecto, a este respecto.

Por un lado, como es lógico, deploro la humillación y explotación que suele agazaparse tras esta actividad, sea forzada por mafias, sea por la libre decisión de las prostitutas.

Alquilar tu cuerpo no ha de ser plato de gusto, y menos aún cuando te empujan las circunstancias, la necesidad, las adicciones, la falta de perspectivas de supervivencia.
Por otro lado, cuando es una decisión libremente adoptada, ¿quién es uno para juzgar? ¿Es más indigno eso que prestarle a una familia 100.000 euros, cobrarle 150.000 y encima quedarte con su casa?

El exdirector gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, no hubiera arreglado lo suyo con una prostituta de alto standing. Un hombre que lleva tanto tiempo en lo alto del poder y que ya ni concibe otra forma de vida no paga por un servicio semejante. Tampoco es ése el estilo del FMI.