X
OPINIÓN > JOSÉ MIGUEL PÉREZ*

El empleo de los ‘santos inocentes’

   

Desde que José María Aznar afirmara que la mejor política social es el empleo, no ha pasado un solo día sin que el Partido Popular insista en la misma idea. Creo que en este caso, como en otros ya conocidos, la reiteración forma parte de una estrategia destinada a lograr el propósito, inconfesable, de deslegitimar cualquier política social.

Confieso que cada vez que oigo o leo esa idea me ocurre lo mismo: me acuerdo de Los santos inocentes (1984), una excelente película de Mario Camus basada en la novela del mismo título de Miguel Delibes (1981). La relación de dominación entre la familia del señorito extremeño y la humilde familia de Paco el Bajo (compuesta por Régula, su esposa, y sus hijos, Rogelio, Nieves, Quirce y Charito, además de Azarías, el hermano de Régula) me recuerda una y otra vez que muchas personas pueden verse obligadas a perder su dignidad por obtener un empleo. La familia de Paco ni siquiera es dueña de su propia vida, está a merced de su señor, aunque, eso sí, tienen trabajo.

Hay una expresión muy clara y sencilla que muchas personas utilizarían para describir la situación en la que vive la familia de Paco: están pasando necesidades. Bien entendido que pasar necesidades no es sólo carecer de alimentos, sino que es también carecer de lo necesario para llevar una vida digna. Utilizando esa misma expresión, yo diría que las políticas sociales no tienen otra razón de ser que evitar que las personas vivan en una situación de necesidad, para evitar, de este modo, que puedan ser fácilmente dominadas.

No cabe la menor duda de que la familia de Paco vive en una casa gracias a su trabajo, pero no es menos cierto que carecen de educación básica, no tienen ningún tipo de asistencia médica, ni disponen de ninguna ayuda para atender a la menor de sus hijas ni a su cuñado, que padece una grave discapacidad.

Dicho de una forma breve y sencilla, la sociedad en la que vive la familia de Paco el Bajo es un buen ejemplo de una sociedad en la que no falta el trabajo pero han desaparecido las políticas sociales (la novela está ambientada en Extremadura, en la década de los sesenta, en plena dictadura franquista).

No llego a comprender las razones por las que el Partido Popular puede desear que vivamos en ese tipo de sociedad, pero puedo asegurarles que, cada vez que oigo decir que la mejor política social es el empleo, veo hasta qué punto aquel viejo modelo caciquil de sociedad sigue en la cabeza de sus dirigentes.

La mejor política social, debemos repetirlo al menos tantas veces como el Partido Popular afirme lo contrario, es la que dignifica a las personas y debemos acompañar nuestra afirmación con ejemplos y con razones. Desgraciadamente, la utilización de las modernas técnicas de propaganda amenaza seriamente la disputa electoral, ya que la fuerza de la repetición termina por sustituir a la fuerza de los mejores argumentos. La mejor política social es la que libera a las personas de la ignorancia, la que les proporciona ayuda médica para evitar que sufran, la que impide que nadie se aproveche de la debilidad de otros.

En definitiva, la mejor política social es la que impide que una persona pueda ser dominada por otra o pueda ser derrotada por la adversidad. Al mismo tiempo, toda la historia de la economía nos enseña que el mejor crecimiento económico fue posible cuando se basó en la extensión de la igualdad de opor-tunidades a toda la sociedad.

Desde su nacimiento, los partidos socialistas y socialdemócratas, como otras formaciones políticas progresistas pertenecientes a la tradición del republicanismo cívico, han combatido cualquier forma de domi-nación entre seres humanos.

Para evitar o reducir el riesgo de dominación, estas formaciones políticas han impulsado en todos los países en los que han gobernado amplias políticas sociales contri-buyendo de este modo a fortalecer la ciudadanía, preservar la libertad y lograr el mayor desarrollo económico.

*Candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno de Canarias