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POR DORY MERINO >

El Estado del bienestar tiene fiebre

   

El calentón que ha sentado a miles de personas en las plazas de las principales ciudades españolas y europeas por estar indignados con el sistema vigente es síntoma de que el Estado del bienestar tiene fiebre alta. Y, para colmo, es lamentable que las pocas recetas que proponen los que pueden curar la enfermedad sean pura ideología, a la que se suma una enorme carga de burocracia. Ha sido suficiente que se lanzara una llamada de atención, a través de las redes sociales, para que el malestar prendiera como la pólvora y aflorara en los ciudadanos descontentos, entre los que figuran personas de todas las edades. Eso sí, un alto porcentaje, en paro. Han formado, sin organización, un movimiento social pacifista para buscar respuestas a sus problemas, los que les impiden atisbar la felicidad. Pacíficamente lanzan al mundo los defectos del sistema que les ahoga.

En Santa Cruz de Tenerife, Manuel ha elegido otra forma de expresión por la misma causa: la huelga de hambre en la puerta del consistorio de su municipio, ante la única alternativa que dice que le queda: morir. Los servicios sociales se han saturado y la burocracia instaurada en ellos desalienta a los vecinos. Por ejemplo, que se lo pregunten al joven africano que acudió al ayuntamiento de La Laguna a solicitar una ayuda para poder seguir pagando el alquiler de un pequeñísimo piso en Taco, en el que viven cinco jóvenes de su continente, mientras alguno consigue trabajo. Después de acudir días a días a solucionar los trámites burocráticos requeridos por los servicios sociales, le comunican que tiene que volver al próximo año porque solo lleva uno residiendo en ese municipio. Se plantea que si va a tener que dormir al raso, se unirá a los indignados para no estar solo.