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CLAROSCURO > POR SARAY ENCINOSO

El mercadillo de las soluciones

   

“Esto es democracia y no lo que hay en Sol!”. El domingo por la noche, la calle Génova se llenó de banderillas azules y de gritos exultantes por la victoria en las urnas del Partido Popular. También de desprecio hacia ese movimiento que el 15 de mayo se había consolidado no muy lejos de allí. En la recién bautizada plaza de las soluciones nadie arremetía contra el partido vencedor. La gente, sentada en el suelo, ya sabía que ese histórico 22 de mayo el bipartidismo le iba a dar la oportunidad de gobernar a la derecha española. Era una realidad a la que sólo le faltaba la burocracia democrática para institucionalizarse. De lo que hablaban todas esas personas era de proseguir el camino, de no olvidar por qué un día decidieron acampar en pleno centro de Madrid y decirle al mundo que ya no aguantaban más. Durante la semana que precedió a las elecciones españolas, la Puerta del Sol se fue transformando. Miles de personas se acercaron hasta la república creada bajo toldos azules. Un lugar donde la solidaridad de todos ha conseguido construir un pequeño pueblo con megafonía, baños, periódicos y comida gratuita.

Más allá de la consigna principal, todo aquel con una causa propia creó su eslogan y colocó su puesto, decidido a reclutar adhesiones. Se buscaban firmas para terminar con los derribos de Cañada Real o las corridas de toros. Había lugar para ensalzar las terapias alternativas, para una educación de verdad, y algún cartel pedía una nueva investigación sobre el 11 de septiembre.

En la salida del metro seguía leyéndose Plaza de las Soluciones. Lo cierto es que se había convertido en una feria, en este caso no de Formación Profesional, universidades o turismo, sino de ideas que habían decidido refugiarse (con oportunismo) al calor de Sol. Era un mercadillo donde se vendían respuestas. Tenía muchas similitudes con el madrileño rastro que todos los domingos inunda la plaza del Cascorro. Desde antigüedades a menaje: uno puede encontrar de todo. Sólo tienes que saber por qué calle coger a la izquierda y cómo distinguir una antigualla.

No todo el mundo sabe. La primera vez te equivocas. La segunda, también. Pero a fuerza de intentar encontrar lo que buscas terminas por saber, al menos, lo que no quieres. Para lograrlo tienes que preguntar a los más viejos y darte un paseo cada domingo. La historia y la experiencia siempre ayudan. Y en estos tiempos extraños ocurre lo mismo cuando se busca futuro.

Parte del discurso político (que no partidista) vuelve a estar dominado por palabras como desigualdad, explotación e injusticia, y hay quien vaticina el regreso de un marxismo renovado para plantar cara al desgarrador liberalismo.

En 1989 se acabó el sueño (o más bien la pesadilla) y la democracia liberal se reivindicó como único mecanismo de progreso y felicidad. Disminuyó la pobreza, pero la desigualdad creció. El desdén liberalista redujo a la insignificancia a millones de personas que tuvieron que subsistir sin dignidad.

Esa brecha no ha dejado de crecer. Por eso están indignados. Por eso este movimiento seguirá, porque necesitamos una alternativa, porque lo que no se ha conseguido en décadas no se logrará en días y porque en democracia hay evoluciones, no revoluciones.

sarayencinoso@gmail.com