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VÉRTIGO > JOSÉ CARLOS ALBERTO PÉREZ-ANDREU

El milagro del 15M

   

Estoy sentado en el avión tomándome una Coca-Cola Zero. Vuelvo a Tenerife. Cómodo, emocionado. El fin de semana estuve en Barcelona y tuve la gran oportunidad de asistir como testigo a la acampada de la Plaza de Catalunya. Quise sentir como huele el nuevo mundo. Nunca había visto nada igual. El movimiento del 15M lo cuestiona todo, lo debate todo. Eso es lo maravilloso. Las redes sociales, que no han hecho más que empezar, son el canal personalizado que, sobre todo los jóvenes, manejan ya como el pan nuestro de cada día. Es la manera por la cual se unen miles de personas en un lugar concreto en un instante puntual. Las acampadas no son más ni menos que una manifestación extraordinaria de ciudadanos que entienden que existen otras maneras de vivir, más justas y felices. Lo están divulgando masivamente en las principales plazas de nuestro país, y esto inquieta a todos los poderes inmovilistas que estaban convencidos hasta ahora de que podían controlar, a través de los medios convencionales, el comportamiento de cada uno de nosotros. Pacífica y atronadoramente, el mensaje es que no se tolera el sistema económico y social que los popes han ido diseñando para que los demás vivamos a su servicio y en nuestro perjuicio. La organización es lo más perfecta que se puede. Es la aldea global. Limpieza, higiene, orden y una concurrencia que va a más. No al botellón, no a los porros, no a las banderas y sí a los carteles manufacturados y las manifestaciones ideológicas bajo ninguna sigla. Reuniones, debate de ideas y cada noche asamblea. Más de 25 comisiones, una de ellas coordina todos los movimientos nacionales del 15M. En Barcelona, cada noche firman más de 30.000 personas. La sociedad que tímidamente se acerca se une a la causa. Empresas alimenticias y vecinos que miran con ojos cristalinos lo que allí ocurre, nutren y sacian gratuitamente las necesidades de los indignados jóvenes, mayores, padres e hijos, parados, profesionales y jubilados conforman un todo a lo largo de cada jornada. En mi iPod, escucho para la ocasión In the Air Tonight, de Phil Collins.

Ha nacido algo nuevo aún por asentar. Después de la primavera roja nacida bajo el paraguas de la Perestroika y la reciente primavera árabe que arremetió contra los sangrientos regímenes dictatoriales, nos encontramos ante otra primavera que ha venido para quedarse. Es el movimiento ciudadano que reclama en las calles mayor justicia social. Estamos ante un punto de inflexión que si bien no se ha manifestado políticamente, adquiere un perfil progresista, como toda revolución. Contra la brutal violencia policial, flores en las manos y brazos alzados. Pero sobre todo, mucha más gente en la calle. Si bien el futuro del 15M es incierto, los grandes amamantados del sistema están nerviosos. Vamos a más, por fin se innova y somos más libres para forzar un cambio de ciclo. Y a sabiendas de que en cierta medida está manipulado: ¡qué felicidad!

josecarlosalberto@gmail.com
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