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El PSC de Pérez puede garantizar la Presidencia a Paulino Rivero

   

Los tres candidatos a presidentes en el programa 59', al que acude hoy José Manuel Soria. /EFE

BEGOÑA AMEZUA | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Los escenarios postelectorales, resultado de las elecciones autonómicas del pasado domingo, derivan en un escenario de acuerdos de gobernabilidad que, con el sistema empleado en 2007, garantizan la Presidencia de la Comunidad Autónoma a Coalición Canaria (CC). La única diferencia es que el Partido Socialista Canario (PSC) y el Partido Popular (PP) invierten sus papeles.

En esta ocasión, el papel jugado por el líder del PP, José Manuel Soria, hace cuatro años puede ser interpretado por el secretario general del PSC, José Miguel Pérez. El líder de los socialistas canarios está en condiciones de cerrar un pacto para apoyar la investidura de Paulino Rivero para su segunda legislatura. Un planteamiento que además permite al PSC soportar su debacle manteniendo la presidencia del Cabildo de Gran Canaria y a CC la estabilidad en Santa Cruz de Tenerife, La Laguna y el Cabildo tinerfeño.

La derrota sufrida en los comicios autonómicos de 2007 por José Manuel Soria se ha tornado, en 2011, en un desastre para el PSC. La tabla de salvación del presidente del PP, hace cuatro años, fue el acuerdo de gobernabilidad que le hizo vicepresidente con Paulino Rivero como jefe del Ejecutivo. El vencedor, Juan Fernando López Aguilar, pasó a la oposición con 26 escaños.

Ahora los socialistas de Pérez tienen la misma posibilidad de convertir el estrepitoso fracaso del 22-M en un éxito aunque relativo. El PSC tiene la probabilidad de deshacer el empate a 21 escaños entre el PP y CC dando el apoyo de sus 15 parlamentarios a la investidura de Paulino Rivero. Después de más de 16 años en la oposición, la dura experiencia vivida en 2007 y las consecuencias de las próximas elecciones generales, el PSC puede amortiguar este hundimiento con un acuerdo para el Gobierno regional que, como ha sido tradición en los últimos 16 años entre CC y el PP, se extenderá a los cabildos y a los ayuntamientos metropolitanos, por lo menos.

La opción de un acuerdo entre José Manuel Soria y José Miguel Pérez tiene menos posibilidades de salir adelante. Después de haber perdido nueve diputados el PSC y ganar el PP seis escaños más que en los pasados comicios autonómicos, el PSC debe afrontar un nuevo desgaste en las próximas elecciones generales que llevarán al presidente nacional del PP, Mariano Rajoy, a La Moncloa, (sede la Presidencia estatal).

La tercera opción de gobierno pasa por un pacto entre CC y el PP. Sin embargo, las posiciones de salida de ambas formaciones políticas complican la consecución de un resultado satisfactorio. Soria, quien ha llevado al PP por primera vez en la historia de la autonomía a ser el partido político más votado en las Islas; ya ha ratificado su idea de tomar la iniciativa para formar gobierno advirtiendo que la Presidencia es innegociable.

Para CC, la jefatura de la Comunidad Autónoma, si hay alguna posibilidad, no entra en ninguna negociación y menos para ceder la misma. Pero además, y como marca la tradición entre los nacionalistas de Paulino Rivero, en un sistema bipartidista como el existente en las Islas para formar gobierno, siempre se pacta con quien ha perdido.

En Coalición Canaria existe una creencia muy extendida de que si van a un gobierno, presidido por el Partido Popular, corren el riesgo de ir perdiendo implantación electoral. Se trata de lo que, diversos dirigentes nacionalistas, llaman el “riesgo de la upenización” de CC, es decir, que Coalición, al disputarse el mismo granero electoral que el PP, pueda terminar siendo absorbido por los populares.

Experiencias como la de Unión del Pueblo Navarro (UPN) y Unión Valenciana (UV) sirven de espejo a CC. UPN decidió, a finales de 2008, romper un acuerdo de colaboración que, mantenía desde hacía más de 18 años, con el PP. Entre otros motivos, el temor a la completa disolución de UPN en el PP.

Algo similar aconteció con UV que, tras su acercamiento al PP durante la década de 1990, que culminó con la llegada del PP a la Alcaldía de Valencia y la Presidencia de la Generalidad Valenciana, provocó que el partido fuera disminuyendo progresivamente su implantación, hasta llegar a unos resultados testimoniales y su disolución.