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POR QUÉ NO ME CALLO > CARMELO RIVERO

El tuit

   

Bob Dylan cumplirá mañana 70 años y no desentonaría entre los cachorros de la Puerta del Sol o la plaza de la Candelaria: genéticamente, tipifica la protesta de los 60. Contra Franco cantábamos Al vent a coro con Raimon, hicimos una sentada cuando prohibieron a Lluis Llach en Santa Cruz, y Fernández Caldas fue un rector digno que dimitió al invadir la policía el campus universitario para silenciar al cantautor de L’ Estaca. Es mayo, un mayo a la francesa hispanizado, el escándalo de Dominique Strauss-Kahn y nuestra resaca electoral son la comidilla de la prensa extranjera.

La resonancia mediática de este movimiento que nos emplaza y su impacto en las redes sociales obligan de oficio a sus promotores -sean quienes fueren- a adoptar algunas formalidades. Los lunes al sol, titulaba Fernando León su cinta sobre el paro. Indignarse por las fallas de la democracia y el marchamo de la crisis (Stéphane Hessel en el bolsillo) exige ser trabucaire todos los días. El éxito de esta primavera española, si quiere cuajar, radica en tener las ideas claras (el que dijo, “vale, pero a mí me jode un huevo que me graben”, de rechazo a la prensa, contravende tolerancia). En la plaza de Tahrir, referente lúdico sin paralelismos con España, el objetivo era el dictador; deuda aquí saldada por defunción del nuestro hace treinta y muchos años; el fin es otro: remozar un sistema prematuramente achacoso y desbancar la democracia, desbancarizarla. Hay una montaña de razones para exhortar a una democraciarealya. Partidos y sindicatos, concientemente obsoletos, se temían esto y aguardaban a que la tormenta tocara a la puerta de sus casas como en el cuento de Buzzatti. Ahora me veo en los 70 frente a frente con García Trevijano, en un suntuario despacho madrileño amueblado con metacrilato, junto a la sala de reuniones donde conspiraba la Platajunta -los cabecillas tensos de la spanishtransition-, y oigo al abogado ansioso de poder arengándome sus ruptura frente a la reforma de Suárez y proponerme, “¿tú te sumarías en tu isla?”, en medio de la entrevista.

Madrid políticamente estaba al rojo vivo, bajo el miedo a la secreta. Conversé con Calvo Serer en un taxi; con Nazario Aguado a pie, con carlistas y comunistas (reportajes en la hemeroteca de este periódico): eran demócratas viscerales y posibilistas juntos pero revueltos, y se pusieron de acuerdo. Este es el reto del 15-M. “La juventud promete y ella cumple”, dijo Aleixandre. Falta concreción. Más tuit y menos suite. La izquierda se desangra en Europa. ¿Abrirán escuelas de democracia algún día?