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El viento que mueve a un barrio

   

Luca Orsi, italiano que descubrió El Médano hace unos años, es uno de los impulsores de que se recuperen las competiciones nacionales de windsurf en esta zona. | E. P.

VICENTE PÉREZ | GRANADILLA

El viento que sopla intenso durante 300 días al año y el oleaje han convertido El Médano en una de las costas más importantes del mundo para los surferos. Cada año, decenas de miles de personas acuden a estas playas de Granadilla para practicar este deporte, en sus tres modalidades: el surf, sólo con tabla; el windsurf, con vela; y el kitesurf, con vela.

En Europa El Médano es un lugar de culto para lo surferos, lo que ha generado un movimiento económico importante, hasta el punto de que en el barrio hay cinco empresas para esta clientela, entre tiendas de alquiler y venta de materiales; así como dos clubes federados, el Windsurf77 y el Borde de Ataque. Además, los dos establecimientos alojativos de la zona reciben a surferos, el hotel Médano y el Playa Sur. No es de extrañar, por tanto que en este rincón granadillero hayan fijado su residencia surfistas destacados a nivel mundial, como el catalán Alex Musolini y el alemán Danniel Bruch.

La irresistible atracción por El Médano la sintió también hace 13 años la familia del italiano Luca Orsi, cuyo padre -campeón nacional de moto de enduro en su país- se vino a vivir a este litoral desde el Norte de Italia buscando un buen clima por motivos de salud. Aquí, Orsi descubrió el windsurf, deporte en el que logró ser campeón de Canarias en dos ocasiones, 4º en el campeonato nacional e incluso participó en un mundial. A él se debe que, después de diez años sin competiciones nacionales, El Médano recuperara estos eventos cuatro ediciones consecutivas entre 2007 y 2010. Ahora, regenta un negocio de alquiler de material de winsurf.

Orsi lo tiene claro: “El Médano está entre los mejores destinos del mundo para este deporte, y para los europeos desde luego es el mejor, porque es un sitio cálido, con olas, con viento, con servicios de primera calidad a mano, incluyendo los de salvamento marítimo y sanidad”.

Pero para este dominador de las olas, las administraciones públicas y la propia población tinerfeña no están aprovechando lo suficiente un deporte que puede crear más riqueza atrayendo turistas de todo el mundo.

Por ello, reivindica una apuesta por la calidad de los servicios a estos deportivas y de la imagen del barrio en general. Así, considera que hay que dotar a la playa de mas duchas y de baños, recoger la arena que se acumula en el paseo, habilitar aparcamientos públicos, arreglar los remaches de las tablas del paseo de madera, crear jardines o arboledas que den sombra, iluminar por las noches el tramo final del paseo y disuadir a los dueños de perros para que no dejen a sus mascotas hacer sus necesidades en la calle y en la playa, dada la falta de civismo que existe en la actualidad. Además, lamenta que no se haya cuidado más la imagen urbanística de esta costa, tanto en colores como en alturas.

Este deportista y empresario de origen italiano señala que el perfil de windsurfista como un hippy ha cambiado, “pues ahora se trata más de una persona de 30 años -aunque los hay de más de 60 años- con gran poder adquisitivo, que practica un deporte de lujo; un turista que deja dinero aquí”.

Ahora, su meta es, con la ayuda de los ayuntamientos, fomentar el windsurf entre los escolares de Tenerife, “para que no lo vean como un deporte de guiris, pues ahora mismo no hay cantera en la Isla”.

¿Pero qué se siente sobre una tabla de surf para que tantos extranjeros recorran miles de kilómetros para venir a practicarlo en El Médano? Orsi responde, por experiencia propia: “Es la sensación de libertad absoluta; como volar sobre el agua, sin motor, únicamente con la fuerza del viento”.

Este deportista italiano, que ya se siente un tinerfeño más, vivió además una experiencia única: recorrer haciendo windsurf la distancia entre Gran Canaria y Tenerife, acompañado de otros dos amigos. “Ahí hubo momentos en que tuve respeto por el mar, porque te sientes como un microbio en medio de la inmensidad del océano, con olas de cuatro metros, peces voladores y hasta tiburones, y sobre todo con ese azul oscuro que veía al mirar hacia abajo, indicador de la gran profundidad del mar, hasta tres kilómetros, auténticos abismos entre las islas”.

Para lograr este dominio de las olas no es necesario ser un atleta olímpico. “”Basta estar bien físicamente; no hace falta músculos, sino técnica y practicarlo mucho, pues hay que aprender a conocer la mar, y sus constantes cambios”, afirma este windurfista. Vivir esta experiencia tiene un coste variable: un equipo completo puede valer 3.000 euros, pero por 500 puede conseguirse de segunda mano. Y, si se alquila, sale a 40 euros por día, o 25, con bonos para residentes.
En su empresa, Orsi asegura que cuenta con clientes de toda Europa, Rusia e incluso de países americanos, como EE.UU., Perú, Colombia o Argentina. En los próximos días recibirá a 35 windsurfistas de la República Checa. “Es una pena que en Tenerife la gente no se dé cuenta de la importancia internacional de este lugar para este deporte, las administraciones públicas deberían apoyarlo más”, insiste.

Lo que parece claro es que, con entusiastas del windsurf y emprendedores como éste, el viento seguirá siendo un motor para El Médano, la invisible mano que lo hace famoso en el mundo entero.

Diego Oramas, socorrista de Protección Civil, en su puesto de vigilancia de El Médano. | DA

La vida en sus manos

El mar es un viejo camarada para los asiduos de El Médano. Las playas de la zona son auténticas joyas naturales, cuyo valor se ve reflejado en la declaración de Montaña Roja como Reserva Natural Especial. Sus arenas reciben a miles y miles de bañistas, que disfrutan de la sensación de bañarse a mar abierto.

Por la seguridad de todos ellos velan los socorristas de Protección Civil, gracias a un convenio con el Ayuntamiento de Granadilla. Uno de ellos es Diego Oramas, de 28 años, a quien este diario entrevistó en su puesto de vigilancia, subido a una escalera. “Llevo desde 2003 como socorrista, y aunque es un oficio que conlleva cierto riesgo cuando el mar está malo, lo que te planteas en todo momento es salvar la vida de quien está en apuros y necesita ayuda”, comenta este joven granadillero. Asegura que los rescates más complicados han tenido lugar en la playa de La Tejita, aunque lo habitual es atender a bañistas por revolcones por olas,heridas por piedras, esguinces o picaduras de medusas, así como a niños con distrés acuático (es decir, afectados por cansancio, frío, tirones musculares o miedo).

Diego y sus compañeros son los auténticos salvavidas de quienes, en El Médano, coquetean con el furioso Atlántico.