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TENERIFE > SUR

Esperando una ayuda que no llega

   

Adrián, padre de Mauro, vive en Los Cristianos y trabaja en un hotel del Sur para mantener a su familia. | DA

NICOLÁS DORTA | ARONA

El tiempo pasa y las posibilidades se agotan. Adrián Meling y su mujer Elena, residentes en Arona, llevan dos años y medio esperando por una ayuda que no llega. Su hijo fue diagnosticado de Trastorno General del Desarrollo de la Conducta (TGD) con autismo y un 69% de grado de discapacidad. Solicitaron en noviembre de 2008 acogerse a la Ley de Dependencia y todavía están esperando. La burocracia está en su contra y la reclamaciones no parecen hacer efecto.

Han puesto en la Consejería de Bienestar Social, Juventud y Vivienda del Gobierno de Canarias, administración que tramita esta ayuda, hasta siete quejas. Además, han cursado una denuncia en el Juzgado de Instrucción Número 6 de Arona.

La última reclamación fue el pasado 13 de mayo ante el Diputado del Común, un día después de dejar el último folio de queja en el mostrador de la Consejería. Todo sigue parado y el pequeño tiene ya cinco años. Meling trabaja en un hotel del Sur de camarero y su mujer debe estar pendiente a tiempo completo de Mauro. Tienen otra hija. Se sostienen con un sueldo que no da para mucho, más los ahorros. “Mi mujer está agotada”, dice Adrián. Mauro es un niño que no tiene la noción de peligro, es hiperactivo y por lo tanto “no se le puede dejar solo”, añade su padre. “Nos dicen que está todo atrasado, que no hay dinero y lo que peor que no hay personal suficiente ”, explica. El expediente de Mauro, iniciado cuando el niño tenía dos años y diez meses, momento en el que se le diagnosticó la enfermedad, tiene prioridad por las características de su patología. A pesar de esto los padres no han recibido ayuda.

“Nosotros estamos agotados, cansados y desesperados. Es una vergüenza que esta situación esté pasando en el primer mundo”, comenta el padre. “Esto es una falta de humanidad en toda regla”, añade.

Meling tiene 40 años y su mujer 36. Adrián nota que este asunto le ha desgastado mental y físicamente. Lo de su hijo afecta “a todo en general y donde antes no veías inconveniente ahora te molesta cualquier cosa”, explica. Pero Adrián es optimista y espera una solución por muy tarde que haya llegado. “No estamos pidiendo nada extraordinario, sino una ayuda que mejoraría al hijo y permitiría que nosotros saliéramos adelante”, dijo.

En Bienestar Social ya los conocen e incluso los trabajadores “entienden nuestra situación, nos dicen que nos quejemos”, explica el padre. El niño tiene un tratamiento seguido de su médico de cabecera y ahora duerme mejor, come bien. Sus padres solo esperan a que se resuelva el expediente para que su hijo y ellos puedan salir adelante y tomar aire.