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La fiscal se reafirma y pide 160 años de cárcel por los crímenes de Adeje

   

Imagen de una sesión de la vista oral contra los cuatro acusados del brutal ajuste de cuentas. / JAVIER GANIVET

TINERFE FUMERO | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Se reafirma en un alegato tan extenso como contundente. La fiscal María Farnés mantuvo ayer la petición de un total de 160 años de cárcel para los cuatro acusados por los crímenes de Adeje, un sangriento ajuste de cuentas entre bandas rivales resuelto en enero de 2005 con la muerte de dos personas y heridas para un tercero.

En concreto, Farnés solicita en nombre del Ministerio Público que cada uno de los cuatro varones que se sentaron en el banquillo de los acusados merece una condena de cuarenta años de privación de libertad como autores de dos delitos de homicidio consumados -quince años- y un tercero en grado de tentativa -diez años-.

Para ello, la fiscal disertó durante hora y media sobre la solidez de las pruebas aportadas de la acusación, en evidente afán por rechazar las dudas creadas por los abogados defensores sobre las mismas.

A este respecto cabe recordar que tanto la autoría de las lesiones del superviviente se han puesto en duda -podría haberse autolesionado- como la validez de las escuchas telefónicas, que fueron leídas por la secretaria judicial ya que los originales continúan en Gran Canaria a la espera que se dirima la presunta relación de los acusados con los atracos a polígonos industriales en la provincia oriental.

Para refrendar su tesis, Farnés puso ayer el énfasis en las pruebas halladas en el lugar de los hechos, tales como restos de ADN de los acusados, sus huellas dactilares e incluso muestras de sangre.
La fiscal también tuvo palabras para el hecho de que el superviviente, compareciente en videoconferencia desde una cárcel de Huelva, se negara a declarar: “Fue por miedo”.

Tras comprobar que ninguno de los acusados aprovechó para tomar la palabra, todos sus abogados solicitaron la libre absolución. Destacó diego Encinoso, quien pidió que A.G. quedara libre ya que ni le ha identificado el superviviente, ni hay pruebas de que estuviera en el lugar del crimen. Solo hay muestras de su ADN en un cepillo de dientes hallado en un piso del Puerto de la Cruz al que se llegó gracias a un mando a distancia hallado en el vehículo encontrado en la capital y con el que habrían huido los implicados.

Aquel 12 de enero

Fue en 2005. Tras una escaramuza de la que lograron escapar las posteriormente víctimas de estos hechos, una hora después fueron interceptados cuando viajaban en su vehículo TF-47 (Adeje-Los Gigantes), a la altura de Callao Salvaje. Los agresores portaban grandes cuchillos y palos, que no dudaron en usar.

A la primera de las víctimas lo alcanzaron tras una carrera de unos cincuenta metros, lo golpearon “en varias ocasiones hasta que (…) lo arrojan por un barranco [Tigoigo]”, falleciendo por la caída. Al segundo “le golpean en varias ocasiones y finalmente le clavan un cuchillo a nivel de la región precordial [parte del pecho que corresponde al corazón]”. El tercero huyó por el barranco.