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LA COLUMNA > MANUEL IGLESIAS

La trascendental cita en las urnas

   

Todo llega, entre ello el final de una campaña electoral que oficialmente dicen que dura un par de semanas, pero que de manera extraoficial nos ha venido machacando, de una manera u otra, durante los últimos, no meses, sino años, con un fuego cruzado entre los partidos y una estrategia de que “el otro” no es un adversario, sino un enemigo, y la consiga es no hacer prisioneros. Con el añadido de la intensificación del periodismo de trinchera radicalizado en las exposiciones y en ocasiones destructivo y vitriólico.

Este final de campaña se ha visto marcado por episodios que se han convertido en históricos, como son las concentraciones de protesta que se registran en muchas ciudades, incluidas las capitales canarias.

Es difícil calibrar la importancia y el alcance que tengan estos movimientos y si hay detrás objetivos y planes concretos o son sólo sensibilidades sociales dañadas por la marcha de las cosas y que responden al tan frecuente impulso de que “hay que hacer algo”, sin saber exactamente qué es ese “algo”, sino por una especie de afán de cambio que se visualiza en la calle.

Uno de sus problemas es que se habla de protestas y de cuestiones, pero no se aportan las propuestas serias y concretas de soluciones. Por ejemplo, se cita la necesidad de una reforma electoral, pero mientras unos proponen que el país tenga un sistema como el de Estados Unidos, bipartidista, otros afirman que el método actual no recoge las aspiraciones y hay que eliminar las barreras electorales para que puedan acceder a las instituciones fuerzas aún más minoritarias y otros listas abiertas, en sistema electoral no de partidos, sino de individuos.

La importancia de votar sólo se mide cuando no se tiene ese derecho cívico

Pero el sistema no puede ser todas las cosas y ser más efectivo, sino todo lo contrario.. Es una evidente contradicción, como otras que se han manifestado acá y acullá, que van desde la eliminación de la propiedad privada hasta la transformación en República, pasando por un variado catálogo, que apunta a la impresión que cada cual de los que están o se adhieren, allí tienen su propia reivindicación y que la suma a las demás en el “ruido” público, aunque tanta contradicción no logre una explicación satisfactoria sobre el siguiente paso.

Pero volviendo al final electoral, probablemente para definir un estado de ánimo de muchos vale lo expresado por una señora en una televisión diciendo “me tienen hartita”.

Pues así, hartitos, hay cantidad de gente, pero hoy se debe ir a votar, porque sea el sistema electoral este u otro, la esencia fundamental es que el ciudadano exprese su voluntad y opinión no situándose en la abstención, que es un limbo en el que no se sabe el pensamiento o la motivación de de quien se instala allí, sino asumiendo el compromiso más importante que tiene una democracia que es el de depositar el voto de una manera libre y secreta. Lo importante que es eso sólo se mide por cuando no se tiene ese derecho cívico.