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RETIRO LO ESCRITO > POR ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Las tres razones

   

1) El poder. Lo ha dicho groseramente la señora Pilar Grande, diputada del PSOE en el Congreso: “Debemos aceptar la propuesta del PP porque nos da muchísimo poder”. Así, a la bravas, con toda la transparencia de un ansioso ropavejero. A Soria los socialistas, cuando tenían 26 diputados, le parecían gentucilla irrelevante y prescindible, y ni siquiera felicitó a López Aguilar por su victoria electoral. Ahora, en cambio, son unos socios respetables. En la mayoría de las instituciones tinerfeñas importantes (el Cabildo, los ayuntamientos de Santa Cruz y La Laguna) la presidencia correspondería al PP, y los socialistas verían muy pronto los efectos de un presidencialismo furibundo y aplastante. Efectivamente, tendrían más poder, pero durante un plazo de tiempo muy corto, y con unas inminentes elecciones generales cuyo previsible resultado (un triunfo en toda regla de Mariano Rajoy) los convertirían en socios secuestrados y marginales. Porque la maniobra de Soria no busca únicamente la expulsión de CC de las instituciones públicas, sino el debilitamiento del PSOE como alternativa, encerrándolos en el cepo de un pacto antinatura que los desacreditará aun más frente a sus mengüadas bases electorales. Será Soria quien se adornará con las galas de haber logrado una hipotética desarticulación de CC y será el PSOE, simplemente, el cómplice necesario. 2) La venganza. En realidad lo que propone José Manuel Soria tiene cierto parecido con el Pacto del Tinell suscrito en Cataluña en 2003: conservadores y socialistas se comprometen a no pactar con CC y aplicarle un tratamiento de apestado político. Los socialistas (particularmente en Tenerife) se entusiasman con la venganza, pero la comprensible venganza difícilmente es la base de una estrategia política inteligente. En todo caso, si ese es el camino, lo razonable es que lo practiquen ya, porque cinco minutos antes de presentar el acuerdo entre PP y PSOE una llamada telefónica los puede dejar en la estacada, como les pasó en 1995: es lo más probable que ocurra y ningún socialista parece advertirlo. Y entonces ni gobierno, ni cabildos, ni ayuntamientos, ni raspas. 3) La ley electoral. Para promover una reforma electoral no es necesario compartir un Gobierno. Y la reforma electoral que promueve Soria es básicamente distinta de la que anhela y conviene al PSOE. Si para Soria la circunscripción insular es una molestia indeseable, para el PSOE es un mecanismo necesario: el PP carece de un poder municipal fuerte (salvo en Gran Canaria) mientras que gracias a su implantación municipal el PSOE ha conseguido esos someros 15 diputados.