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SUCESOS > ACCIDENTE DEL VUELO RÍO-PARÍS (2009)

Los pilotos intentaron controlar el avión durante cuatro minutos

   

AGENCIAS | París

Los pilotos del Air France que cayó al Atlántico en junio de 2009 intentaron durante cuatro minutos que el aparato no se estrellara contra el mar, suceso que finalmente ocurrió provocando el choque del aparato con el morro levantado, según la nota emitida el viernes por la Oficina de Investigación y Análisis (BEA, en sus siglas en francés) tras el primer análisis de las cajas negras del aparato accidentado.

Un problema técnico privó a los pilotos del vuelo entre Río de Janeiro y París de datos válidos para evitar que el aparato se estrellara, según los datos de las cajas negras.

“No tenemos ninguna indicación válida”, afirmó el comandante del vuelo dos minutos y medio antes de que el avión se estrellara contra el mar, según se desprende de la lectura de las cajas negras recuperadas a principios de mes y cuyo contenido fue, en parte, divulgado por la Oficina de Investigación y Análisis (BEA), responsable de la investigación.

Fue la constatación de la impotencia de una tripulación que durante cuatro minutos trató de tomar el control de un avión al que un conjunto de errores había dejado en situación crítica.

Una divergencia en los lectores de velocidad provocó que el piloto automático se desconectara y obligó a los pilotos a tomar decisiones sin tener a su disposición datos correctos del vuelo.

La secuencia de los hechos, desvelada por la BEA, indica que los motores funcionaron bien y que el avión se estrelló en el mar tras tres minutos y medio de caída libre.

Antes, los pilotos habían tratado de situar el avión en posición ascendente hasta alcanzar una altura máxima de 38.000 pies, momento en el que comenzó el descenso en caída libre, que no se frenó pese a que trataron de enderezar el aparato.

Cuando se advirtió de la pérdida de control del avión, el capitán estaba descansando, por lo que se encontraba fuera de servicio, siendo los dos co-pilotos los que se hicieron cargo del control de las funciones del mismo.

No obstante, la BEA aclara que el capitán regresó a la cabina “alrededor del minuto y medio” después de que se produjera la desconexión del piloto automático.

Tras apagar la conducción automática, el A330 ascendió hasta los 38.000 pies de altura, tras lo cual comenzó un descenso de tres minutos y medio que provocó un zarandeo del aeronave de izquierda a derecha.

“Las órdenes del piloto se basaron sobre todo en el morro del avión”, indica el informe de la BEA, que añade que “los motores siempre han respondido a las órdenes de la tripulación”.

La oficina ha asegurado que los investigadores tendrán que analizar y validar todos los datos extraídos, un proceso “largo y laborioso”, por lo que, tal y como anunció, no emitirá un nuevo informe provisional antes del verano.

Este será el tercer informe de la BEA, tras más de dos años de búsqueda de restos del aparato en un área de 10.000 kilómetros a casi 4.000 metros de profundidad bajo el mar, y el análisis de más de 1.000 fragmentos del avión.

Los anteriores informes provisionales de la BEA apuntaban a que la aeronave atravesaba un frente de tormenta minutos antes del accidente y la lectura de los indicadores de velocidad no era la adecuada, por lo que recomendó la sustitución de las sondas de velocidad, conocidas como ‘pitot’ de la marca Thales, ante las dudas de su fiabilidad a gran altura. Además, el sistema de alerta no funcionó.