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RETIRO LO ESCRITO > POR ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Mándate a mudar

   

Cuando estos tipejos uniformados comenzaron cobardemente (solo un mísero cobarde, con pistola, porra y casco, se dedica a zurrar a ciudadanos pacíficos y desarmados) el desalojo de la Plaza de Cataluña, la concentración estaba menguando desde hace días. Ahora mismo, cuando escribo estas líneas, las fuerzas policiales cifran en unas 12.000 personas presentes en la plaza, aunque fuentes más fiables aumentan el número hasta los 15.000.

Desde primera hora de la tarde cientos de ciudadanos se desplazaron desde casi todos los barrios de la capital catalana para reocupar y reorganizar el campamento. Como los mozos de escuadra, dirigidos por un consejero atildado y cromañoide, un vaina que se llama Felipe Puig, consejero en varios gobiernos de Jordi Pujol, ignoran que viven y cobran en el siglos XXI, cualquier ha podido ver las escenas de su brillante operativo de desalojo.

He visto, como ha podido verlo cualquiera, a policías repartiendo porrazos a jóvenes sentados que alzaban las manos ensangrentadas hacia ellos, he escuchado a policías llamando mierdas a los manifestantes en la cara, he vislumbrado a un guardia de metro noventa a empujar a una adolescente que no pesará más de cincuenta kilos para estrellarla contra el suelo.

Más de 120 heridos y contusionados, incluidos una treintena de policías, por supuesto. Los mozos de escuadra pretendían supuestamente abrir el acceso a la plaza de equipos municipales para proceder a la limpieza de la misma. La comisión rectora del campamento se negó y expuso que serían los propios manifestantes los que abrirían paso a los camiones cisterna y a los barrenderos. La respuesta fue la más ecuménica hostia viva. Y la réplica ya podía observarse a última hora de la tarde: la plaza de Cataluña, de nuevo, llena a reventar.

Las concentraciones de Madrid y Barcelona, de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, se disolverán por voluntad propia en pocos días o en escasísimas semanas. Ya han cumplido su objetivo: visualizar un amplísimo malestar social y evidenciar que cientos de miles de ciudadanos de este país asumen la reforma y la defensa del sistema democrático como un asunto propio. Una democracia meramente electoral es una parodia de democracia y nos amenaza a todos. Ya está montada una estructura rizomática de plataformas, bitácoras y blogs en la red que demostrará su vitalidad y eficacia en los próximos meses si sabe fusionar oportunidad táctica con lucidez estratégica. Ah, por cierto: mándate a mudar, Felip Puig.