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POR FERNANDO CLAVIJO * >

Maria Rosa Alonso, in memoriam

   

Nos despertábamos el sábado con la triste noticia de que María Rosa Alonso, la intelectual más lúcida que diera esta Isla, nos dejaba, tras un siglo de inigualable magisterio, de trabajo constante.

Con ella no solo se nos va la escritora comprometida, la fundadora del Instituto de Estudios Canarios, la lingüista precisa, la mujer indomable y certera. Se nos van, también, diez décadas de compromiso y de defensa de la libertad. Y es que los laguneros y los canarios todos no podemos tener por María Rosa Alonso otra cosa que no sea un profundísimo respeto y un enorme agradecimiento. Por iluminar los caminos de esta tierra con su sabiduría y por expresarse en libertad cuando la libertad -mucho menos siendo mujer- no estaba permitida.

La Laguna, lo hemos dicho muchas veces, fue siempre la ciudad de María Rosa Alonso, porque, si bien nació en Tacoronte, siempre la quisimos lagunera. En la ciudad que hoy es Patrimonio del Mundo disfrutó de su infancia, estudió y comenzó a forjar el genio que la distinguiría y la convertiría en una de las mentes más preclaras de su generación y de la historia contemporánea.

Y esta ciudad, agradecida, quiso reconocerle su trabajo y sus desvelos nombrándola Hija Adoptiva el pasado mes de diciembre de 2010, aunque en realidad fue ella la que adoptó y escogió a La Laguna de entre otros muchos lugares. Aquí nos honró con su presencia en esta última etapa de su vida viajera y fructífera. Aquí escribió las páginas más bellas y sentidas de su prosa.

Sin embargo, aunque mucho la queremos, María Rosa Alonso no es nuestra; no pertenece a ningún sitio. Su alma, su saber, ahora más que nunca, son del mundo. De todos los sitios que siempre admiró con ojos curiosos y en los que dejó el germen de su conocimiento.

Cuando cumplió cien años nos admirábamos de su lucidez, pero siempre fue especialmente sensata, prudente, refractaria a los halagos. Y así se ha ido, como vivió, con discreción y con el cariño de los suyos.

Profesora, investigadora, ensayista, filóloga, historiadora y escritora; pionera y multidisciplinar, con ella perdemos a la más fiel notaria de los acontecimientos más destacados de estas Islas, que describió como nadie, arrojando luz sobre episodios fundamentales de nuestra Historia.

María Rosa Alonso vivió más de una guerra, sufrió el exilio y disfrutó del regreso. Por eso conocía lo dual y difícil de la condición humana y fue capaz de retratar como nadie los acontecimientos, buenos y malos, de la Historia, de la Literatura, de la vida, exponiendo sus teorías con un respeto ya poco usual en nuestra época, que siempre fue su signo distintivo.

Hoy nos acordamos de esa humildad, de esa manera de ser y de escribir, siempre preguntando, nunca imponiendo. Hoy, más que nunca, cada palabra de María Rosa Alonso, cada artículo, cada ensayo es, para nosotros, una lección de vida, una enseñanza a la que no podemos dar la espalda.

Hoy, La Laguna, esta ciudad que ella honró al elegirla para vivir y compartir sus múltiples saberes la llora, como la llora Canarias.

Sirvan estas letras para expresarle nuestro respeto y cariño, el de toda la Corporación y el municipio, y abrazar a su familia, que ha tenido el privilegio de disfrutarla tantos años. Descanse en paz.

*Alcalde de San Cristóbal de La Laguna