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RETIRO LO ESCRITO > ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Metáforas

   

Es regocijante que tus mayores te sigan produciendo asombro, sobre todo, cuando ya tú eres inmoderadamente mayor. Las simetrías son la configuración más hermosa de la estupefacción. Leánse los artículos de Arcadi Espada e Ignacio Escolar sobre el repugnante episodio protagonizado por Dominique Strauss-Khan, gerente del Fondo Monetario Internacional. Espada y Escolar colocan como base de sus breves análisis la condición de militante socialista del señor Strauss-Khan.

En ambos casos, obviamente, para utilizar el recurso de ajusticiar simbólicamente a la socialdemocracia desde posturas maliciosamente liberales (Espada) o indignadamente socialistas (Escolar). De esta manera, para ambos, el suceso protagonizado por Strauss-Khan se resuelve, a través de una veintena de líneas, en una terrible metáfora del ocaso de la socialdemocracia con todas sus consecuencias políticas y morales. Y a ese estúpido chistecito se dedican dos de los columnistas (y blogueros) más leídos y más atendibles de España. Con todo, lo de Escolar es mucho peor, desde el mismo título de su artículo (La esperanza de la izquierda). No sé a que puñetera esperanza se refiere el siempre encolerizado Escolar, que tantas veces honra a su apellido en sus filípicas progresistas.

El señor Strauss-Khan es (todavía) el gerente del Fondo Monetario Internacional, un organismo poco sospechoso de veleidades socialistas y aun socialdemócratas. El señor Strauss-Khan se alojaba en una suite neoyorkina de 3.000 euros la noche, humilde gatuperio que no está al alcance de muchos socialdemócratas europeos, hayan leído o no en sus tiempos a Anthony Giddens. El señor Strauss-Khan quizás este al corriente del pago de sus cuotas en el Partido Socialista Francés, pero no es más ni menos socialista (o socialdemócrata) que el señor Sarkozy o, si me apuran, que la señora Carla Bruni.

Dominique Strauss-Khan no representa al socialismo, ni a la socialdemocracia, ni a ningún proyecto político reformista que merezca ese nombre. Forma parte de una élite política y financiera internacional ajena a lo que considera bizantinismos ideológicos y que practica debates meramente nominalistas, gestionando a favor del mantenimiento indefinido del status quo, caiga quien caiga.

Convertirlo en un símbolo de las hipócritas contradicciones de la izquierda me recuerda ese libro maravillosamente chanante, Para leer al Pato Donald, en el que Ariel Dorfman revelaba el papel del personaje de Disney como apóstol del orden moral en el capitalismo internacional.