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Nino tenía que ser el rey del estadio

   

El ariete almeriense sobresalie entre el soporífero fútbol que efectuaron tinerfeños y leoneses. / SERGIO MÉNDEZ

CARLOS LUIS CHEVILLY | Santa Cruz de Tenerife

El Tenerife jugó su último partido de la temporada en el Heliodoro al enfrentarse a otro equipo descendido a Segunda B de modo matemático, la Ponferradina. Era la confrontación de las despedidas en el estadio tinerfeño, especialmente el adiós de Nino. El ariete almeriense brindó el gol blanquiazul, al cuarto de hora de juego, y dispuso de un par de opciones al rematar de cabeza al término de la primera parte y al inicio de la segunda. Fue reemplazado en el ochenta y ocho para que los aficionados lo ovacionaran con todo merecimiento en unos momentos muy emotivos tras cuatro campañas en el equipo blanquiazul. También fue protagonista el tinerfeño Acorán Barrera, autor del gol del equipo leonés, a los ochenta y siete minutos, para culminar de esa manera una brillante actuación en la segunda parte, al realizar las mejores acciones de ataque y al enviar además al poste en el ochenta.

Hubo un periodo para cada equipo. El Tenerife controló en la primera mitad ante un adversario demasiado inestable en su zaga y en la segunda parte los leoneses inquietaron a Sergio Aragoneses para obtener el premio tras una salida alocada del portero blanquiazul que aprovechó el delantero de Valleseco.

Como es propio de dos equipos que participarán la venidera campaña en una categoría semiprofesional, el juego que desplegaron fue soporífero. Solamente hubo algunas pinceladas de otro nivel, a cargo de Nino y Mikel fundamentalmente.

También Kitoko ofreció un rendimiento correcto al considerar que no actuaba en su puesto natural, pues David Amaral lo puso en el eje de la zaga junto a Pablo Sicilia. La retaguardia tinerfeña cumplió en la primera parte; pero en la segunda la encharcó Carlos Bellvís, al ser expulsado el valenciano por doble cartulina amarilla, a los sesenta y seis minutos. Desde entonces el Tenerife se desplomaba de manera paulatina y sufría mucho al tratar de contener. Claudio Barragán, el entrenador de la Ponferradina, refrescó el ataque del equipo con la incorporación de Máyor y dio más libertad de movimientos a Acorán.

El equipo leonés también había padecido una expulsión, en este caso por la roja mostrada al veterano defensa Luis Prieto al inicio de la segunda mitad; pero Claudio ajustó bien las líneas al retrasar primero a Jonathan Ruiz y luego al sumar al partido al zaguero Iban Cuadrado, por lo que fue reemplazado Joseba del Olmo, que estaba demasiado encasillado en la zona izquierda.

La Ponferradina leyó mejor el partido en la segunda parte, pese a que a rachas se notaba falta de intensidad o se registraban determinadas acciones fuera de tono castigadas con las correspondientes cartulinas amarillas. Bellvís dio la nota negativa en el Tenerife por la cartulina roja una vez más, como sucedió con Ezequiel Luna con su expulsión ante el Real Valladolid. Este proceder incorrecto derrumba al equipo. Ayer Dubarbier se retrasó al lateral para cubrir el puesto del levantino y el equipo se quedó mermado al tratar de canalizar el juego por la izquierda. Germán acusó el esfuerzo de la primera mitad y Nino estaba rodeado de demasiados adversarios.

A pesar de todo, el Tenerife estuvo muy cerca de dar un zarpazo en una jugada aislada protagonizada por el recién incorporado Josmar, en el ochenta y seis; pero el atacante venezolano estrelló el balón en el larguero. El reparto de puntos hace justicia a lo sucedido en la cancha, en el cierre en el estadio Heliodoro.