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POR LUIS J. LÓPEZ ABELLÁN

No entienden nada o prefieren no entender nada

   

¿Quiénes son? ¿Marginales? ¡Qué desprecio y prepotencia! ¡Cuánto desprecio hacia sus conciudadanos!, se preguntaban algunas personas. Lucía Méndez, periodista, nos dice que son nuestros hijos, una generación que ha vivido mejor que sus padres, con una formación superior a la de sus padres, que lo han tenido todo o casi todo, pero que se han dado cuenta de que no tienen presente y su futuro está al borde del abismo, y han reaccionado ante el espectáculo insultante de unos dirigentes políticos que consideran que no los representan. A mí no me han sorprendido, sólo tenía la duda de si serían capaces de llegar hasta donde han llegado, a dar una lección a este país y creo que al mundo. El visado para acciones futuras se lo ha dado la generación anterior, con un cariño y proximidad aplastantes, ante los defensores del pensamiento único.

El sistema está enfermo y la sociedad tiene síntomas de estar contagiada. Los poderes están enfermos, los ciudadanos no. El poder y el dinero han corrompido las administraciones públicas, los órganos judiciales y también han penetrado en los medios de comunicación. Empleados de estos últimos se han convertido en apéndices de los partidos del pensamiento único: ¿qué hay de la ética, de la independencia de la información y de la opinión responsable basada en hechos contrastados?

Contertulios, muchos de ellos asalariados de medios con intereses bastardos, descalifican la iniciativa en general y los pensamientos utópicos e idealistas en particular: “esa clase de chicos que tenemos”; “después del lunes, humo”; “no saben ni lo que quieren”; “es de risa lo que proponen”; “vamos a ver si concretan algo”. No, no estaban hablando de la campaña electoral y de los políticos inmersos en ella; hablaban de unos jóvenes desesperados y sin porvenir que están indignados con lo que han hecho y siguen haciendo los poderes.

A esos contertulios tan prepotentes, que cobran un mínimo de 200 euros por unos minutos, que cobran a los políticos por hacerles entrevistas, no porque digan cosas importantes sino porque pagan, y muchas veces con dineros públicos. A estos contertulios yo les recomendaría que grabaran sus intervenciones y luego las reprodujeran en compañía de la familia y los amigos.

¡Ay! perdón, que estuvieron en el mayo del 68, han corrido en los Sanfermines a diez centímetros de las astas de un toro, han organizado una revuelta en una junta de vecinos, han estado recluidos contra su voluntad en un ascensor averiado y han detectado que una coma está mal situada en el texto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

He escuchado a un catedrático decir que las propuestas de los jóvenes “indignados”, “cabreados” para en-tendernos, son muy inconcretas y tendrían difícil aplicación. Es decir, no se puede modificar la Ley Electoral para hacerla más justa y representativa; no se puede impedir que políticos imputados vayan en listas electorales; no se puede dejar caer a los bancos y cajas que han sido objeto de una mala gestión y que los súper-ejecutivos que se lo han llevado crudo paguen con su patrimonio, ellos se quedan con la casa y tú con la deuda.

¿Por qué no valoraron la situación que sobrevendría cuando inyectaban créditos en vena a clientes sedados? Porque era negocio; no se puede acabar con el fraude fiscal; no se puede acabar con los paraísos fiscales; no se puede separar el poder ejecutivo del judicial; no se puede acabar con la contratación basura a través de empresas que se llevan la parte del león; no se puede dejar de destruir el planeta en aras del progreso y la codicia. Lo que no se puede es aguantar esto por más tiempo.

¿Qué hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? Cierto. Necesitaban que pudiéramos adquirir sus coches, sus neveras, sus lavadoras, etcétera, y que fuéramos de compras los fines de semana a Londres o Nueva York. Creo que éramos más felices cuando éramos más pobres. Creo que este país se ha perdido el capítulo de Barrio Sésamo que explicaba las diferencias entre lo necesario y lo innecesario, entre lo absolutamente necesario y lo absolutamente innecesario.

Capítulo aparte el de “los mercados”. Nos dicen: los mercados son tus ahorros invertidos; tu plan de pensiones, y también los “ahorros” de los sátrapas del mundo, esos que se han quedado con las ayudas al desarrollo de su pueblo; los “ahorros” de los que se han apropiado de lo ajeno en las guerras; los “ahorros” de los traficantes que han conseguido lavar sus ingresos; los “ahorros” de los que esclavizan a sus empleados en el tercer mundo y en el primero.

Lo que nos falta es ética. ¿Cuáles son las normas morales que están rigiendo nuestra conducta? Estamos aún en el capítulo del uso responsable, el uso responsable de los recursos de este planeta y aún no hemos conseguido nada, hasta que nos quedemos sin nada. Lo que necesitamos es una sociedad responsable y ética, responsable de sus actos y con unas normas morales que guíen sus conductas.

Dure lo que duren las movilizaciones del 15-M, esto es lo que nos han dicho nuestros hijos. Aparte de estar orgulloso de ellos, he de confesar que a mis 57 años me siento mucho más joven.