X
MIRADA SOBRE ÁFRICA > JUAN CARLOS ACOSTA

No está ni se le espera

   

Me ha llamado mucho la atención que en esta campaña electoral apenas se haya pronunciado la palabra África, diría que ni una sola vez. Mi primera conclusión, a bote pronto, es que por lo visto el continente vecino no es tan importante para nuestras autoridades como afirman cuando nos visita, por ejemplo, un rutilante lobby americano. Lamento que, después de tanto discurso por la tricontinentalidad, de los cantos de sirena sobre plataformas y de los brindis al sol para hallar una alternativa económica a nuestro motor turístico, la vía africana no tenga la suficiente relevancia como para formar parte, al menos por un segundo, de las innovadoras propuestas programáticas de los políticos que aspiran a gobernarnos durante los próximos cuatro años. Al fin y al cabo ha sido la constatación de una impresión que ya albergaba, si se tiene en cuenta que muchas de todas aquellas iniciativas al respecto, puestas sobre la mesa en el ámbito de las prioridades sectoriales y políticas del Archipiélago, inician un letargo hacia no sé qué limbo en los cajones escalonados de nuestras administraciones públicas, a no ser por el empeño de algunos empresarios y patronales, corporaciones locales y ONG, que esperan el santo advenimiento para que las palabras inicien el camino de los hechos en algún tramo de esta peregrinación hacia ninguna parte. Y eso que podría decirse que nos están empujando desde Europa, con sus fondos de cooperación al desarrollo, sus políticas de Gran Vecindad y para las Regiones Ultraperiféricas; desde el Estado español, a través de la ubicación de Casa África en Las Palmas y los programas de la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo y del Instituto Español de Comercio Exterior; o desde los Estados Unidos de América, con la celebración reciente de un congreso empresarial en Tenerife; todo ello con la finalidad de que el Archipiélago asuma su posición geoestratégica para rentabilizar -lo que ya ningún experto niega- el despegue africano y su previsible importancia en el panorama económico mundial para los próximos decenios. Parece ser que Canarias no termina de querer ser grande, afrontar retos y ejercer de pivote de la configuración internacional, y que quizás nos conformamos con se-guir acariciando lo que ya tenemos una y otra vez, en un círculo vicioso sin límite de continuidad. Y lo cierto es que las expectativas con la que nos encontramos parecen cada día más manoseadas que construidas, más continuistas que inventadas, y más cómodas y miopes que avanzadas, porque es posible que no nos interesen otras opciones de crecimiento, ni tampoco mirar hacia el Este, desde donde llegan esas pateras cargadas de inmigrantes y las imágenes crudas y repetitivas que no reflejan en ningún modo el potencial y evolución que registra nuestro continente más cercano. Creo que África no está representada convenientemente en nuestras instituciones, medios de comunicación y proyectos de futuro, salvo en los discursos bienintencionados, puntuales y retóricos que pretenden solapar unas premisas que nos han colocado en una posición privilegiada en esta parte de un planeta que mira cada día más hacia ese enorme territorio cercano y objetivo de las grandes potencias mundiales.