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EL DARDO > POR LEOPOLDO FERNÁNDEZ

Para preocupar

   

No cesa la polvareda mediática tras la horrible decapitación de Jennifer en una tienda de Los Cristianos. Sobre todo por parte de un sector de la prensa del Reino Unido proclive al sensacionalismo, que aprovecha el caso para lanzar bulos e infundios sobre la seguridad que ofrece Tenerife a los turistas en general y a los británicos en particular. Aunque cargado de falsedad, el daño que sufre la imagen de la Isla no deja de preocupar en pleno boom de visitantes, entre los que precisamente destacan los del Reino Unido. Y pese a que el organismo Turismo de Tenerife ha difundido una nota calificando los hechos como lo que son, un “incidente absolutamente aislado”, varios medios siguen sacando punta a un crimen sin parangón, fruto de una mente enferma y trastornada. Pero de la misma manera que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, quizás sea bueno que en adelante cualquier sospecha de criminalidad sea debidamente considerada y adoptadas las medidas preventivas oportunas. Si hacía tiempo que el presunto asesino de Jennifer, el búlgaro Deyan Valentinov, ya detenido y en prisión, era reconocido como indigente peligroso por sus antecedentes violentos -había sido arrestado varias veces tras atacar a la gente o provocar incidentes graves en varios establecimientos- y sus problemas mentales y con el alcohol, ¿cómo es que ninguna autoridad trató de ponerse en contacto con su familia u ordenó su internamiento en un centro psiquiátrico o en un piso tutelado, o procuró que recibiera la asistencia indispensable? Y si lo hizo, ¿por qué se le permitió volver a la calle? ¿Residía Deyan legalmente en Tenerife o había llegado antes de 2009 cuando la presencia de ciudadanos búlgaros en España estaba restringida? ¿Por qué no se controla a quienes durante meses e incluso años se comportan como auténticos delincuentes? El trato que se ha de procurar a estas personas sin techo, ni ingresos u oficio alguno, incluso sin posibilidades de reinserción social, debe ser lo más atento y respetuoso posible, dentro siempre de la legalidad; pero ese trato humano y sanitariamente imprescindible no está reñido con la utilización del recurso a la autoridad policial o judicial. Si en febrero pasado ya se dio cuenta a la policía y al juzgado de la situación y actitud de este indigente, ¿por qué no se actuó desde entonces? ¿Por qué siguen en la calle tantos indigentes, en su inmensa mayoría de conducta intachable pero abandonados a su suerte -ayer murió otro en Santa Cruz, el sexto en menos de dos meses-, y nadie les presta la ayuda que necesitan? Alguien debe una explicación a la sociedad de Tenerife… y a la familia de la mujer asesinada.