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CLAROSCURO > SARAY ENCINOSO

Puñado de ideas

   

No sienten nostalgia. Mayo del 68 está en canciones, historias y recuerdos ajenos. No tuvieron que luchar por libertades individuales ni buscar arena de playa bajo adoquines desgastados. Nacieron con el bienestar patentado y no les costó convertirse en la generación mejor formada de la historia. Se les acusó de no añorar pasados idílicos, de construir trincheras desde las que refugiarse y de no bramar contra las tragedias de un mundo que dejaba en la cuneta a muchas personas. De beber sin tener que olvidar, de acuñar el sálvese quien pueda como método de supervivencia, de saltarse el comunismo juvenil, de huir del compromiso y de escribir sus propias vidas sin permitir anotaciones en los márgenes. Se les acusó de mucho. De tenerlo todo. También de ser simplemente jóvenes. Por eso han salido a las calles, para demostrar que tienen las manos vacías, pero que con ellas pueden escribir muchas verdades. Cuentos que empiezan con “érase una vez un político con vocación” y que pueden terminar con elecciones a banqueros (“si son los bancos los que nos gobiernan”). El relato acaba de empezar a escribirse, la plataforma Democracia real ya recorre ya medio planeta, es portada del The Washington Post y nadie sabe cuál será el final. Ni siquiera si será un final feliz. Lo único que saben, como una vez dijo Hobsbawm en referencia a los años previos al nazismo, es que “estábamos en el Titanic y todos sabíamos que estaba a punto de chocar contra el iceberg”.

El domingo empezó todo. El sol castigaba a los miles de manifestantes en Cibeles. No importaba. Ellos ya estaban quemados por que se les “pidiera austeridad desde un Mercedes clase A” y por que nadie hablara en serio de “reformar la ley electoral”. Había muchos jóvenes coreando consignas en contra del PP y del PSOE, familias enteras canalizando su des-espero en pancartas, espontáneos líderes apelando a cualquier voto que no cimentara más el bipartidismo y hasta algún anciano disfrazado de voto en blanco. Todos estaban cansados del presente y, más aún, del futuro. Hartos de esa izquierda que lleva dando bandazos desde que el socialismo se estrelló con la realidad. Se dieron cuenta de que los neocons no sólo habían instaurado la dictadura del todo vale en nuestras economías. También en nuestro pensamiento. Por eso se manifestaron el 15 de mayo. Al hacerlo, se convirtieron en antisistema para los políticos. Qué curioso: fueron ellas quienes se encargaron de sacarlos de un sistema en el que caben menos. Qué paradójico: la mayoría estaba en contra del sistema actual, pero pedía más y mejor política. Lo que se exigía era que el Estado funcione como ese garante de servicios públicos que surgió tras la II Guerra Mundial para mantener la paz. Hoy está desapareciendo a marchas forzadas y no ha traído la guerra. Sólo mucha miseria y un movimiento pacífico, asambleario, desorganizado y sin líderes. Poco han tardado en señalar todas sus carencias. Es verdad, sólo saben lo que no quieren, que el país no cambiará el 22-M, que hay que buscar a largo plazo la utopía para encontrar una realidad decente, y que su locura es la cordura del capitalismo. También que esta sociedad hacía mucho tiempo que no acogía un debate civilizado. Lo han conseguido. El PP y el PSOE no lo han logrado en toda la democracia. Pero éstas sólo son las razones que a mí me llevaron hasta el centro de Madrid. Ese día, y la frase de Martin Luther King en el manifiesto, han logrado que cada anochecer vuelva hasta el kilómetro cero: “Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo lo que nos parecerá más grave no serán las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”.

sarayencinoso@gmail.com