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EL DARDO > LEOPOLDO FERÁNDEZ

Reflexionar

   

Hoy toca reflexionar. Se trata de una mera formalidad, ya que la inmensa mayoría de los ciudadanos tiene decidido el sentido de su voto -o no voto, que de todo habrá- y no necesita pararse a pensar atenta y detenidamente sobre lo que le conviene hacer mañana, cuando los mayores de edad en disfrute de sus derechos acudan a los colegios electorales para elegir a los representantes de su pueblo, isla o región. Votar es un derecho pero también un deber, y cuanto más altura alcance la participación electoral, más representativo será su resultado y mayor interés mostrarán los ciudadanos por quienes están llamados a gestionar aquellos asuntos que les son más próximos y que tanto influyen en el desarrollo de su vida diaria.

Desde aquí proclamo mi respeto por quienes no acudan a votar, lo mismo que por los que voten en blanco o anulen su papeleta, como también por aquellos que elijan la opción política o ideológica que más se acomode a sus aspiraciones. En diferentes concentraciones ciudadanas, los indignados expresan estos días sus protestas sobre el desenvolvimiento de nuestro sistema democrático, sobre todo por lo que consideran mal desempeño de los partidos políticos. En las sociedades abiertas los partidos son actores fundamentales y juegan un papel relevante ya que canalizan y articulan los intereses ciudadanos, proponen programas y actuaciones, dirigen los cambios y forman gobiernos en las instituciones representativas, permitiendo así que la vida democrática se asiente mediante un sistema de controles y contrapesos. La ciudadanía no se conforma con votar y cumplir ritualmente la llamada a las urnas; además, quiere -y esa es la gran legitimación de los partidos- ser escuchada en sus aspiraciones, sentir la cercanía de sus representantes, ver que se comportan ejemplarmente, constatar que son trabajadores, austeros y rigurosos, y que propician la participación en la vida pública a través de los cauces establecidos y de otros nuevos que es preciso abrir con urgencia.

La democracia representativa es a la participación lo que el pez al agua. Por eso todos deseamos que tras estas elecciones los políticos hagan acopio de sensibilidad para escuchar el latir de los ciudadanos y estar siempre atentos y cercanos a sus problemas y necesidades, otorgándoles por tanto una participación relevante en los asuntos de interés público bajo principios de publicidad, transparencia y, llegado el caso, consenso, que son la antítesis de la corrupción y de la práctica de gobernar sin escuchar. Ese debe ser el compromiso mínimo de los representantes salidos de las elecciones del domingo. Para que las cosas empiecen a cambiar en bien de todos.