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RETIRO LO ESCRITO > ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Suspiria de profundis

   

La recuperación económica en Tenerife, cuyo diagnóstico se expone con profusión de datos en el boletín de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, es tan tímida, tan modesta, tan apocadita, que en vez de recuperación habría que llamarla vahído. Un suspiro de ligerísimo alivio desde las ennegrecidas profundidades de la agónica economía isleña. Servidor no tiene ninguna vocación de aguafiestas. Alabados sean los datos positivos y muchas felicidades a los que han conseguido trabajo o han logrado que no cierre su negocio. Pero tomar ese agradable repunte como el segmento inicial de una recuperación de la actividad económica y el empleo es más una irresponsabilidad que una señal de lucidez. El boletín cameral señala básicamente una recuperación del empleo en el sector turístico y una modestísima recuperación en la construcción, tan modesta, de hecho, que el consumo de cemento apenas ha crecido en el último trimestre. No insistamos en que la recuperación de la afluencia turística en Tenerife (y en el resto de Canarias) radica en factores endógenos como la revuelta situación política y social en el norte de África. No repitamos, tampoco, que por razones estructurales el turismo es incapaz de absorber ni la tercera parte del desempleo actualmente existente, que se aproxima mucho al 29% de la población activa: nunca lo ha hecho. Tampoco me apetece repetir, la verdad, una evidencia tan elemental como que la actividad de rehabilitación y reforma de la planta alojativa no puede sustituir ni las plusvalías, ni el estímulo a otros sectores ni la capacidad de generación de empleo que alcanzaron y mantuvieron las empresas de construcción en el Archipiélago entre 1997 y 2007 aproximadamente.

La inversión en obra pública y la apertura del crédito bancario ni está ni se les espera. Bastante tiene el Gobierno autonómico con apresurarse a convocar el concurso de deuda pública para poder pagar los gastos corrientes a partir del próximo mes. Pero, sobre todo, deleitarse en los primores de una recuperación semifantasmal de la economía isleña es distraerse, precisamente, de un conjunto de reformas inaplazables y de todas las patologías políticas, económicas y sociales que un modelo de crecimiento basado en el turismo, el ladrillo y la especulación inmobiliaria nos han traído a esta situación, dejando en pelotas, precisamente, nuestra debilidad económica estructural, la fragilidad de la cohesión social, la ruina de la educación pública, las escandalosas diferencias de renta.