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EL OBSERVADOR > POR CARLOS E. RODRÍGUEZ

Tiempo de serias decisiones en el PSOE

   

Finalmente no hubo sorpresas. El pasado domingo, el electorado pronunció, de forma clara e incluso rotunda, el “váyase señor Zapatero” que venía ya siendo, inocultablemente, un clamor de la ciudadanía. El máximo responsable de la tremenda y dramática inactividad española frente a la profunda crisis económica fue identificado y señalado como tal por los electores, aunque quizá de forma más intensa de lo previsto, lo que testimonia la gravedad del malestar cívico. En estas circunstancias, y siendo tan profundo y transversal el malestar ciudadano y tan claro el mensaje de las urnas, cualquier intento de prolongar esta agonía se traduciría sin duda en una muy seria profundización del ya se ve que generalizado enfado de la opinión pública.

Lo cierto es que, tras la claridad del mensaje de las urnas, Rodríguez Zapatero tendría que haber anunciado de forma inmediata su dimisión y la convocatoria urgente de unas elecciones generales que pusieran otras manos al timón de La Moncloa, pero es probable que esto sea hacerse excesivas ilusiones respecto a la capacidad del personaje para escuchar la voz de la ciudadanía. Así que sucederá lo que tenga que suceder, pero de antemano sabemos que no lo hará fácil, lo que puede agudizar en las próximas semanas la extensión y profundidad del malestar cívico e incluso la aparición de muy serias tensiones en la opinión pública.

Tras la inequívoca y rotunda voz de las urnas ¿alguien duda cuál sería la dirección e intensidad de la respuesta cívica a una pregunta sobre la conveniencia de que Rodríguez Zapatero -no el PSOE, que no es lo mismo- salga de La Moncloa, para hacer posible una política contra la crisis económica y el inicio de una senda de recuperación de la economía española? España y el PSOE tienen ahora mismo un problema coincidente, que se llama Rodríguez Zapatero, cuya urgente salida de La Moncloa no es ya sólo una necesidad perentoria para que pueda iniciarse algo al menos parecido a una política seria contra la crisis económica, sino incluso para que no se deteriore la convivencia por vez primera desde la transición. A este punto hemos llegado, o por decirlo con más precisión, a este punto nos ha conducido un político no sólo carente de los valores que las derechas y las izquierdas compartieron en la transición sino incluso de las capacidades mínimas imprescindibles para gobernar el país, aún más en tiempos de tan honda crisis económica.

No es cuestión de extraviarse en polémicas de ideologías o programas, sino de exigir que se haga efectivo ese clamor cívico transversal que exige la salida de Rodríguez Zapatero de La Moncloa, para que un político más capaz y desde luego más responsable, de izquierdas o de derechas según sea la voluntad de los electores, pueda tomar las riendas de la situación, restablecer consensos y aunar voluntades para afrontar la gravedad de la situación de la economía. Todo lo que sea retrasar el cumplimiento de esta exigencia del sentido común sólo puede agravar muy seriamente la crisis y sus ya dramáticas consecuencias para la ciudadanía. Hace ya tiempo que es generalizado el criterio de que Rodríguez Zapatero es parte esencial del problema de esta hora de España, por lo que difícilmente podría formar parte de la solución. Es ya necesario y urgente escuchar la voz de la ciudadanía tal y como se ha pronunciado en las urnas y como es un clamor en las calles de toda España. España tiene soluciones y alternativas de todos los colores, pero tiene sobre todo un problema que los ciudadanos han identificado. Apartar el problema es el primer paso imprescindible para encontrar soluciones y alternativas, mejor hoy que mañana.

Sobran por cierto en el PSOE políticos con capacidad y credibilidad para tomar las riendas de la crítica situación, dialogar abierta y honradamente con las restantes fuerzas políticas y consensuar una política nacional de lucha contra la crisis económica. Los nombres de Javier Solana Madariaga y Alfredo Pérez Rubalcaba son paradigmáticos al respecto, e incluso hay más. El único que no puede formar parte de la solución porque es la parte esencial del problema es precisamente Rodríguez Zapatero y está claro que los electores así lo perciben.

Serán los electores quienes finalmente decidan el partido y el político que deben estar en La Moncloa en estos tiempos de tan graves dificultades, pero si aún es pronto para saber lo que los electores quieren, es ya inequívoco lo que rechazan, lo que no les suscita confianza. Se ha llegado a un punto en el que la salida de Rodríguez Zapatero de La Moncloa ya no es sólo conveniencia de España, sino también conveniencia del propio PSOE. Así que a sus dirigentes les corresponde tomar, sin más demoras, las decisiones que el sentido común reclama.