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POR JOSÉ MIGUEL RUANO * >

Votos y escaños

   

En la teoría del Derecho Constitucional y de la Ciencia Política el “sistema electoral” se define en sentido estricto como la fórmula o método que permite la transformación de los votos por actas de representantes (en sentido parlamentario: escaños). Genéricamente, el “sistema electoral” está integrado por el voto (que en los países democráticos es libre, igual, directo y secreto), la fórmula electoral o sistema electoral en sentido estricto y la circunscripción, que es el espacio geográfico sobre el que se computa el voto y se aplica la fórmula electoral.

Los más importantes politólogos en esta materia, como el profesor americano Douglas W. Rae o el profesor alemán Dieter Nohlen, apuntan dos temas clave en el régimen jurídico de los sistemas electorales: el americano dice que es una de las materias cuya reforma resulta más difícil en cualquier país del mundo y el alemán señala y demuestra empíricamente que ningún sistema electoral puede considerarse, desde el punto de vista material, un sistema justo.

Sin querer ni poder ser más preciso en un artículo sobre la doctrina de esos politólogos es necesario que no aceptemos las premisas del reciente discurso de José Manuel Soria, presidente del PP en Canarias. Tras las elecciones del pasado domingo, 22 de mayo, Soria viene insistiendo en dos asuntos sobre los que es necesario una reflexión: 1) muy dado a la simplificación de los mensajes -hay que reconocer su capacidad de comunicación-, Soria afirma sin reservas que el Partido Popular es la primera fuerza política en Canarias y, como tal, le corresponde iniciar las negociaciones para formar Go-bierno y, como corolario, él debe presidir ese Gobierno, y 2) el sistema electoral es injusto porque el PP, teniendo más votos, tiene igual número de escaños que Coalición Canaria y, por tanto, es urgente su modificación.

En una democracia fuerte y consolidada como la del Reino Unido, recientemente se ha sometido a referéndum si los británicos querían reformar el sistema electoral que conforma los escaños en la Cámara de los Comunes. Era un compromiso en el pacto de la coalición de gobierno entre los conservadores y los liberales-demócratas. Estos últimos son, como tercera fuerza política, los grandes perdedores de un sistema electoral que los británicos acaban de refrendar como válido.

El domingo 22 de mayo, el PP y CC obtuvieron 21 escaños cada uno en las elecciones al Parlamento de Canarias. Los votos que obtuvo el PP -al igual que los que obtuvo CC y las demás fuerzas políticas-, una vez superados los límites mayoritarios o “barreras” electorales, fueron transformados a escaños aplicando la fórmula electoral proporcional D’Hont en las correspondientes circunscripciones electorales (cada una de las islas). Dado el desigual peso de la población en las islas del Archipiélago y la frágil estructura territorial de los conservadores, el PP obtuvo 21 escaños con varios miles de votos más, lo que la hizo fuerza ganadora en una isla, y CC 21 escaños con victoria en cinco de las siete islas o circunscripciones. Votos y escaños son pues expresiones del mismo acto democrático de la ciudadanía, en el marco geográfico en el que se computa. Y no es baladí desde el punto de vista del equilibrio territorial que, en un Archipiélago, la circunscripción sea la isla.

Por tanto es irrelevante y tiene un simple y falso fundamento la preocupación de José Manuel Soria por ser él el presidente o censurar el “injusto” sistema electoral. Lo relevante es tener capacidad para conformar una mayoría estable que permita la conformación de un gobierno fuerte y que afronte la difícil tarea de gobernar en un escenario de restricción del déficit público en todas las comunidades autónomas y en el país, para que España cumpla los objetivos de convergencia en la zona euro en 2013.

Lo relevante es qué programa va a ejecutar ese gobierno para que eso se haga desde la sostenibilidad de los servicios públicos que fundamenta nuestro modelo de bienestar y para que Canarias siga teniendo identidad diferenciada por su insularidad y lejanía.

Lo relevante no es, por tanto, el nombre del presidente, sino qué políticas va a hacer y si el déficit público lo piensa combatir sólo con el mensaje simplón de reducir asesores o coches oficiales.

* Diputado electo de CC