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LA COLUMNA > POR MANUEL IGLESIAS

Vuelve el tema del adelanto electoral

   

Después de que el mapa de España se tiñera casi totalmente de azul en las corporaciones locales y en un buen número de los gobiernos autonómicos, la cuestión que surge de manera inevitable es si, ante la evidente falta de respaldo a la gestión de los socialistas, se debe acometer o no el adelanto de las elecciones generales.

Hay muchas razones que lo aconsejan, tales como la fragilidad del Gobierno de un partido que evidentemente no cuenta ya con el respaldo de los ciudadanos, la necesidad de dar un cambio de rumbo a las políticas actuales para llevar a la calle una sensación de giro que se está pidiendo a gritos y porque el presidente del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, se encuentra ya casi fuera del juego político, con más motivo porque ha anunciado que no se presentará a la reelección. Eso, y la gran derrota sufrida este domingo, lo convierte en estos momentos en el pasado, no en el futuro.

Pero por otro lado la disolución del Congreso de los Diputados y la convocatoria de elecciones tiene un calendario complicado. Los gobiernos de las corporaciones que salgan de estos últimos comicios mayoritariamente tomarán posesión a lo largo de junio y luego vienen los meses del verano y las vacaciones -julio, agosto y septiembre-, además de que el PSOE tiene aún que convocar un congreso extraordinario para elegir al candidato, que todavía no tiene.

Convocarse, se puede hacer en cualquier momento, ya mismo, por parte del presidente del Gobierno, que es quien tiene tal potestad, pero se entrecruzan plazos y citas que hay que tener en cuenta e incluso estrategias de futuro. Es el caso de los Presupuestos Generales del Estado, que seguramente los socialistas intentarán tener aprobados antes de su hipotética salida del poder, para dejar comprometidos en él cantidades y proyectos al menos para una legislatura del otro gobierno que venga. Si lo logran llevar adelante, esto tendría que ser para el último trimestre del año.

(Por cierto que, si ése es su proyecto, tal vez necesitarán los votos de Coalición Canaria y alguna otra fuerza política, lo cual podría ser un elemento a tener en cuenta a la hora de hablar de los acuerdos en Canarias).

Así que en esta hipótesis estamos hablando de elecciones para los meses finales del 2011 o comienzos del 2012, que casi no sería un adelanto cuando los plazos se cumplen en el primer trimestre del próximo año.

Pero estas cuentas pueden ser las de la lechera, porque, si el PP, desde su actual posición de fuerza, redobla su reclamo del adelantamiento y organiza una campaña con, por ejemplo, mociones al respecto en todas las corporaciones e instituciones en que gobierna, se crea una presión, no legal, pero sí cívica, que puede llegar a ser muy intensa.

Lo que si está claro es que, si alguien creyó que tras estas elecciones se afloja la movida política, anda muy equivocado. Empieza otra.