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“El 40% de los que viven en la calle padece problemas mentales”

José María Rivero y Javier Gutiérrez. | J. G.

ALBERTO CÁNOVAS | Santa Cruz de Tenerife

El subdirector y el coordinador de acción social de Cáritas Tenerife han registrado casi 500 personas que actualmente no tienen hogar, muchos morirán en la calle. La pobreza está en sus manos.

-Han muerto seis personas en nuestras calles en muy poco tiempo; ¿cómo se explica?

“Es pura coincidencia en el tiempo. Durante todo el año mueren muchas personas en la calle. Vivir y dormir en la calle degenera física y mentalmente una barbaridad y a una una velocidad muy rápida. El sistema inmunológico es mucho más vulnerable, no comes adecuadamente, no descansas, no cuidas tu higiene, pierdes la salud y no te medicas, si tienes una herida no te la curas, te insultan, agreden o cosas peores. Hay que investigar mucho, caso por caso, porque podemos estar simplemente ante una coincidencia en el tiempo. Ustedes, los medios, han puesto ahora el foco ahí, pero antes de llegar a conclusiones, veamos quiénes son, de qué edades, cuánto tiempo llevaban en la calle y preguntemos qué ha ocurrido y por qué”.

-¿Son muchas las personas sin hogar con problemas de salud mental?

“Muchísimas, casi el 40%. Los cronificados, que difícilmente quieren salir de la calle, en su mayoría están diagnosticados pero no toman su medicación y su salud es deplorable y es lógico pensar que lleguen a la muerte”.

-¿Hasta qué punto vivir en la calle termina por influir en tu salud mental?

“Deteriora muchísimo. Siempre que doy una charla en los colegios e institutos les pongo el ejemplo de pasar solo una noche en la calle, no de fiesta ni de copas, sino como hacen estas personas todos los días del año. Te aseguro que a las tres de la mañana no sabes qué hacer. Si eso lo haces todos los días, terminas por tener un concepto distorsionado de la realidad. Prácticamente solo podemos reducir daños, pero eres muy muy vulnerable”.

-¿Qué salida queda cuando alguien que vive en la calle, con las facultades mermadas, se niega a recibir asistencia?

“Es curioso escuchar a quienes promulgan quitar a estas personas de la calle. Yo les preguntaría adónde los llevan, a qué centros, porque, hoy por hoy, no hay plazas en ningún lugar. La demanda es muy superior. No se puede obligar a nadie a ir a un centro. La batalla la ganas con paciencia e insistencia, creando lazos de confianza. A nadie le gusta vivir en la calle, es un ambiente muy muy duro y violento, con ataques, hambre, insalubridad y cada día que pasa en estas condiciones te deterioras más”.

Bebes para quitarte el miedo y el frío. A palo seco vienen todos los terrores del mundo

-¿Cómo crear más conciencia social ante este fenómeno?

“Es una cuestión de derechos de ciudadanía. Estas personas tienen derechos y no los pueden ejercer. Tienen derecho a la sanidad, a la vivienda, a un trabajo digno y son excluidos por el sistema. Es una perversión: no queremos a la gente en la calle, pero creamos todas las condiciones posibles para que estén ahí. Hay quien piensa que esa persona que está en la calle no tiene derechos y, sin embargo, si quisiera, tendría que poder acceder a la sanidad, la cultura o una defensa legal”.

-¿Con qué dispositivos cuenta Cáritas para atender a estas personas sin hogar?

“Cáritas cuenta con un programa para personas sin hogar destinado al grupo más numeroso, que son hombres, de todas las edades, desde muy jóvenes hasta ancianos. Hay mujeres, madres con algún hijo y familias enteras. Para atender esta demanda hay tres proyectos, dos en Santa Cruz y uno en el Puerto de la Cruz. Además disponemos de un hogar para familias monoparentales en Ofra, donde actualmente se atiende a cinco familias completas. Cada uno ha llegado a esta situación de sin hogar por diferentes motivos, muchos de ellos en estos dos últimos años por efecto de la crisis y unas historias de pérdida de empleo, no poder afrontar los gastos de la casa, divorcios, imposibilidad de regresar a casa de los padres…”.

-Esta crisis, ¿en cuánto ha modificado el perfil medio de la persona sin hogar?

“Uno de los grupos más vulnerables que más ha crecido es el de los inmigrantes. Han perdido el trabajo y no pueden renovar el permiso de residencia, no pueden afrontar el alquiler y pasan a las infraviviendas: pisos patera, camas calientes y otras modalidades. El colectivo sin hogar ha perdido un perfil determinado; ahora mismo cualquiera de nosotros podría formar parte de este colectivo, si le ocurrieran sus circunstancias. Los hay mayores de 65 años o con 8, 10, 15 años viviendo en la calle, que ya es muy difícil que salgan de esa situación, rechazan entrar en residencias en las que les hemos conseguido una plaza y luego, seguramente, aparecen muertos en la calle, por multitud de circunstancias: sobredosis, desnutrición, falta de medicación. Hay un núcleo, con este perfil, en el que sólo podemos activar acciones para reducir los daños”.

-Además de éste tienen identificados más grupos, ¿verdad?

“Alrededor de este grupo duro encontramos a los que temporalmente están sin hogar. Ahí también entrarían aquellos que han perdido su casa o no pueden afrontar el alquiler y se quedan temporalmente con la familia o los amigos. Los consideramos sin hogar, porque en cuanto se rompa la relación, los vemos en la calle. En 2010 atendimos a 499 hombres sin hogar, 270 estuvieron alguna vez en un techo de Cáritas. A ellos se suma un amplio colectivo de personas sin hogar en situaciones camufladas y que se ven en la calle en cuanto falla cualquier pieza”.

-¿Cómo actúa el inmigrante sin hogar?

“Muchos viven con amigos en casas compartidas, hacinados, en infraviviendas… Al no tener adónde ir, su situación también es límite, pero, a la vez, al no tener nada que perder son los primeros que aceptan trabajos sin contrato u ocasionales, se mantienen mejor y son mucho más jóvenes y sanos que otros grupos de población”.

-¿Ustedes también trabaja con los enfermos de sida, ¿verdad?

“Sí, tenemos un proyecto concreto con 12 residentes sin hogar y muchísimos más que atendemos a lo largo del año. Suma a la exclusión de no tener hogar, la de padecer sida. Hay un grupo, también importante, que sale de los hospitales y no tiene adonde ir. Los hospitales le hacen la operación y en dos o tres días ya están en la calle, pero deberían seguir acudiendo a un centro de salud para las curas. Pues no es así y nos encontramos con un colectivo de enfermos, con heridas abiertas e infectadas y sin medicación”.

[apunte] “No tienen hogar, pero frecuentan bibliotecas”

“Uno de los lugares donde más nos encontramos a personas sin hogar es en las bibliotecas. Allí están a gusto, protegidos de la violencia callejera, nadie habla con ellos porque hay que estar en silencio, usan los baños y muchos de ellos leen los periódicos y todo tipo de obras”.

-Cuando se habla de este colectivo ¿son, sobre todo, personas menos preparadas?

“En absoluto. Entre el 10 y el 15% son universitarios y muchos más empresarios; pierdes tu trabajo, tu empresa fracasa, la familia no aguanta más la situación, te divorcias, no tienes ni para entregar la pensión a tu esposa e hijos, te ves en la calle, te enfermas, bebes, duermes en los bancos y no hay centros adonde ir”.

-Ese nuevo perfil no corresponde con el borrachín de barrio.

“Exacto. La realidad que vemos todos los días tumba ese cliché. La mayoría ya no es así. Ahora son jóvenes universitarios, empresarios, padres de familia y sobre todo, menores de 40 años. Es importante que todo el mundo tome conciencia de la vulnerabilidad. Esa es la palabra clave. Cada vez somos más vulnerables y cualquier persona, ahora mismo, es susceptible de caer en el colectivo sin hogar, sea del perfil que sea y gane ahora el dinero o la fortuna que sea. Ese es el mensaje que hay que dar. Y lo del vino tiene una lógica: si vives en la calle, para quitarte el miedo, conciliar el sueño, combatir el frío y sentirte más cálido por dentro tienes que beber alcohol. A palo seco es cuando te vienen todos los terrores del mundo”.

-¿Cuál es la mejor manera de ayudar a una persona sin hogar?

“El primer paso, no acostumbrarnos a verlos como mobiliario urbano. Es que es trágico acostumbrarnos a eso. Segundo, no tenerles miedo; son ellos los que lo tienen. Tercero, verlos, saludarles, preguntarles si les podemos ayudar en algo. Muchos de ellos lo que te reconocen cuando van a un centro de Cáritas es que es el único momento del día en que hablan con alguien”. [/apunte]