EL MEGÁFONO > SAN BARTOLOMÉ DE GENETO (II)

“La transformación del barrio ha sido bestial”

Alberto de la Rosa (izquierda) y Eusebio de la Rosa, con jóvenes de la comisión de fiestas del barrio. | DA

J. F. J. | LA LAGUNA

Alberto de la Rosa tenía 23 cuando asumió la primera presidencia de la Asociación de Vecinos de San Bartolomé de Geneto. Hoy, 34 años después, cumple su segunda etapa al frente de este colectivo ciudadano, combativo como pocos y con un compromiso cultural más que contrastado. Numerosos son los poetas, escritores, grupos musicales y de teatro que han pasado por el centro ciudadano del barrio a lo largo de este tiempo.

A este espacio de convivencia, inaugurado hace dos décadas, acude casi a diario De la Rosa, unos días para celebrar alguna reunión y otros para atender las consultas de los vecinos o ensayar con la agrupación Princesa Iraya, el primer gran proyecto surgido de la asociación y que en la actualidad está considerado uno de los grandes exponentes del folclore canario.

Lejos quedan ya los tiempos en los que el camino de San Bartolomé de Geneto era de tierra y de un solo carril. No había alumbrado público y escaseaba el agua potable. Los habitantes de la zona tenían que cargar los baldes desde el Pozo Cabildo, el Tanque Grande o El Drago en burros o carros.

“El cambio aquí ha sido bestial”, resume el presidente vecinal. “La gente vivía de la agricultura y la ganadería, se veían con asiduidad las carretas y las vacas. Hoy, en cambio, no hay ni un solo vecino que viva del campo. Ni uno”, subraya De la Rosa, quien lo tiene claro cuando se le cuestiona por el mejor político que ha tenido el municipio: “Pedro González, sin lugar a dudas”. “Fue el que trabajó la luz y el agua a los barrios”, recuerda.

Punta de inflexión

El punto de inflexión entre el Geneto de entonces y el que conocemos hoy, abundante en adosados y centros comerciales, lo marcó el asfaltado de la carretera y la construcción de la urbanización de Guajara. A partir de ahí, relata De la Rosa, el barrio vivió una completa transformación. Apareció Alcampo, luego Ikea, más tarde Leroy Merlin; se construyeron nuevas urbanizaciones, más chalés, y definitivamente quedó atrás el perfil agrario de la zona.

“Era los tiempos del boom inmobiliario, donde podías comprar a tres mil pesetas el metro cuadrado y al día siguiente ya valía 30.000 pesetas”, señala Alberto de la Rosa. Las consecuencias de aquella dinámica urbanística hoy tiene sus impactos: demasiadas casas sin vender, promociones sin concluir, falta de espacios verdes, ninguna cancha deportiva en el barrio…

“El área de Geneto-Los Baldíos es la más abandonada del municipio”, lamenta el presidente vecinal, que cifra en unas dos mil las personas que en la actualidad viven en esta zona del municipio, frente a las “cincuenta-sesenta casas que había antes”.

Producto de este crecimiento poblacional, la demanda en servicios básicos ha crecido considerablemente y se echa en falta, entre otras infraestructuras, la de “un consultorio médico en condiciones”.

También lamentan desde la asociación de vecinos el inminente cierre del colegio de Montaña Pacho y su traslado a una nueva ubicación.

Esta mudanza permitirá a los alumnos disponer de un centro con mejores prestaciones, pero aleja en exceso el colegio del núcleo poblacional de San Bartolomé.