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“No es ético vender el bienestar de la humanidad”

Manuel Elkin Patarroyo
Patarroyo es Premio Príncipe de Asturias, y ahora también Príncipe de Viana de la solidaridad por su aportación altruista a la ciencia. / FRAN PALLERO

JUANJO MARTÍN-INMA MARTOS | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Manuel Elkin Patarroyo es un hombre en cuyas manos la ciencia está garantizada para la humanidad. Quizá no sirva para mucho en un mundo en el que sin financiación todo se para, pero el científico sigue siendo y será una piedra en el zapato de los que quieran enriquecerse a costa de la salud de miles de personas. Estudia una vacuna para la malaria, dentro de un proyecto que él denomina vital y le queda probar en humanos sus últimos avances.

-La Biología había sido la principal vía para el estudio de las vacunas, pero usted revolucionó la investigación con la introducción de la síntesis química como método para estudiar los microbios.

“La de la malaria fue la primera vacuna desarrollada químicamente en la historia. Lo que hicimos fue reconocer las moléculas que recubrían el parásito y averiguar su estructura química para luego fabricarlos en pequeños fragmentos y realizar con ellos ensayos con monos. Esa fue la primera vacuna de síntesis química y como estábamos trabajando con la malaria como modelo, también se dio el caso de que fue la primera vacuna contra esta enfermedad. La estructura cambió dos paradigmas, el hecho de que las vacunas se pueden crear químicamente y que se pueden producir vacunas contra la malaria”.

-Pocos años después en 1993 venía otra revolución con usted como protagonista. Decide que ese conocimiento debe ser patrimonio de la humanidad y no de Manuel Patarroyo y su equipo de investigación. ¿Qué es lo que le lleva a tomar esa decisión?

“Lo que hemos hecho mi familia, mi equipo, mi instituto y mi país es llevar una actitud de vida congruente y consecuente con lo que pensamos. Un hallazgo de esta magnitud para la humanidad no se puede enlodar con dinero. Yo considero que independientemente de lo mucho o poco que nos puedan estar pagando como salario las universidades o los estados con los que estamos trabajando, es suficiente. Uno no tiene por qué abultarse los bolsillos propios o engrosar las arcas de otros con el dinero ganado a expensas de los resultados de investigación de una sola persona. Lo que hicimos fue sentar una posición ética de lo que creemos que debe ser la actitud frente al conocimiento. Porque estamos convencidos de que el conocimiento debe estar al servicio de la humanidad y no al revés. Es muy distinto si una persona hace un hallazgo para la comodidad, o sea, si usted quiere cambiar su coche, pues bien, páguelo, pero si es para la salud no pueden llevar ningún coste”.

-¿Se ha arrepentido alguna vez de entregar a la OMS ese conocimiento? ¿Qué problemas le ha ocasionado la decisión?

“Claro que me ha provocado problemas y los primeros que piensan de una forma diferente son los primeros en colocar palos en la rueda y los usufructuarios de esos beneficios que los hacen mayores. Nunca me he arrepentido, ni me arrepentiré. En ese sentido está todo el mundo advertido, cualquier hallazgo que hagamos mi grupo de investigadores y yo, irá para el beneficio de la humanidad, sin coste alguno, salvo los costes de producción para seguir investigando”.

Siempre que creemos tener al microbio acorralado enseña una nueva forma

-Usted descubrió la vacuna para la malaria con un 30 o 40 por ciento de efectividad en 1984. En la actualidad ha llegado a un 90 por ciento. ¿Qué tiene ese parásito que lo hace tan difícil de erradicar?

“Sorpréndase que es todavía peor. Apenas estamos barruntando la punta del iceberg. En esencia, lo que hemos mostrado en el artículo publicado en Chemical Reviews son unas pocas moléculas de las que se han utilizado, aunque las tenemos todas reconocidas. No es tanto el parásito en sí, sino todos los microbios. Se trata de organismos que han logrado estar sobre la faz de la tierra cien millones de años y no es porque sean tontos. Tienen estrategias, herramientas y armas muy eficaces para poder subvertir cualquier respuesta inmunitaria del organismo y eso es algo que han aprendido a lo largo de toda la evolución. Somos nosotros los que somos muy simplistas y pensamos que se puede solucionar de un solo tortazo. Una vacuna para que sea totalmente efectiva ha de tener múltiples fragmentos, de múltiples estadíos, de pequeños pedacitos químicamente desarrollados, de manera que se cubran todas las vías de escape del microbio. Y esto es para todos los microbios, porque son de una complejidad muy grande, a pesar de que son muy pequeñitos”.

Manuel Elkin Patarroyo
Manuel Elkin Patarroyo. / F. P.
-El artículo al que se refería también revolucionó la forma de pensar de la comunidad científica, ya que no es una solución, sino un método para acabar, no con una sino con múltiples enfermedades…

“Yo no diría acabar, pero si controlar hasta un mínimo en donde la cuota de vidas y de sufrimiento sea extremadamente bajo, porque no quiere decir que hayamos descubierto todas las reglas y estrategias de los microbios para evadir nuestro sistema de defensas y los mecanismos. Lo que estamos dando es un marco conceptual nuevo y una serie de reglas o principios para que podamos establecer un control”.

– La humanidad se cree a veces omnipotente contra enfermedades y frente a cualquier amenaza externa y luego resulta que una simple bacteria como E.coli trae a todo un país de cabeza durante un montón de semanas. ¿Por qué?

“Muchas veces nos vuela la paranoia, pensamos que tenemos el conocimiento de todo cuando a penas estamos advirtiéndolo. Voy a contarle una cosa: como mecanismo de escape, la malaria tiene doscientasmil variantes genéticas. Creíamos que habíamos descubierto todo, pero de pronto nos tropezamos con que las partes del parásito de la malaria con el que sobrevive para agarrarse a las células que va a infectar y matar, el sistema inmunitario no las ve, lo que denominamos silencio inmunológico. Imagínese que tiene usted un enemigo pero no lo ve, con lo que no puede luchar contra él. Después encuentras la forma de hacerlo visible, pero vuelve a cambiar, y así. Pues a lo largo de estos años hemos ido siguiéndole estrategia tras estrategia y siempre que creemos tenerlo acorralado nos muestra una nueva.”

Nos toca ser más solidarios con la enfermedad de otros porque tarde o temprano llega

– Hasta ahora, las enfermedades tropicales no eran un problema para los países de Occidente. Sin embargo, los teóricos del cambio climático apuntan a que estas enfermedades pueden ahora moverse de un sitio a otro y hacerse endémicas en donde antes no existían. ¿Tenemos que empezar a prepararnos para afrontar que este problema es global y no de un país concreto?

“Yo siempre clamé porque no hubiese etnocentrismo desde el punto de vista del estudio de las enfermedades. Es legítimo que los países desarrollados pretendan resolver sus problemas propios, pero no veo ni generoso, ni solidario, ni lógico que sea solamente la solución de sus problemas, por eso clamo desde hace más de 25 años. Estas enfermedades que hay en los países en vías de desarrollo, llamémoslos pobres, y quitamos algunos eufemismos, no están resueltos, están allí. Si vosotros no los tenéis en Europa, en EE.UU., Japón, Rusia no es porque no existan, es que no los veis. En un momento dado, aconteció que algunas de estas enfermedades comenzaron a aparecer en el mundo desarrollado y ¡oh!, escándalo. Mire, la tuberculosis está rampante en África, en Asia, en Colombia, mi país y aquí se dice no, no, eso es un problema que no existe ustedes son unos alarmistas. Cuando en 1983 aparecieron tres casos de tuberculosis en Nueva York; titular: “Epidemia de tuberculosis en los Estados Unidos”. Por favor, llevo diciendo que los países pobres se están muriendo de tuberculosis y ahora porque lo tenéis vosotros ahora sí es una epidemia. Eso sucede con todas las enfermedades. El cambio climático ha hecho pensar que con el calentamiento global, muchas de esas enfermedades van a resurgir en los países desarrollados y cuando digo resurgir uso muy bien el término porque malaria era rampante en Europa hasta 1954; España tuvo casos de malaria hasta 1956; en el 1946 la había en Estocolmo y el Montreal. Que durante un período de tiempo pequeño, unos cuarenta años se logró controlar eso es cierto, pero que luego esas enfermedades empezaron a ser un problema en los países del tercer mundo para convertirse en un problema en los países desarrollados. Ahora que nos toca a nosotros, sí es preocupante. Lo que hay que ser es solidario, porque tarde o temprano nos toca”.

-Pasado el tiempo, ¿cómo ve la situación que se produjo en el mundo por el brote de la gripe A?

“Aún no he entendido el panorama general, pero pido prudencia a los organismos dirigentes de salud porque por ejemplo, hace quince años nos vendieron el problema de las vacas locas y lo cierto es que nunca hubo un incremento del número de casos de la enfermedad de Creutzfeldt Jakob. En cambio crearon una alarma bárbara. Mientras que la economía de algunos países se hacía papilla, Reino Unido sacrificó a expensas de la Unión Europea seiscientas mil cabezas de ganado que fueron vilmente asesinadas. El número de casos extra que hubo de la enfermedad fueron cuatro. Luego nos vendieron el pánico del Ántrax. Luego el problema de la gripe aviar; ya como digo yo, tomando el pelo al pánico, nos vendieron el estornudo del pollo de forma universal y luego el moco del marrano. Por último, la gripe A. Yo no tengo el panorama claro de quién o quiénes están provocando esto porque ¡ojo!, siempre tiene que ver con los alimentos. De forma que ahí tiene que haber alguna utilidad económica extra de alguien. Mire lo que está sucediendo con los pepinos tras la alerta de Alemania. No hay prudencia en los organismos de salud, pero tampoco en los medios de comunicación, que ante cualquier afirmación de cualquier funcionario, se genera un pánico universal. La señora consejera de Salud de Hamburgo nos ha generado un pánico universal y los medios se hicieron eco”.

-Le reclaman en diferentes ciudades para que imparta conferencias, y retornará luego a su país y a sus investigaciones. ¿Qué proyectos le esperan?

“Llevo 33 años dedicado a esto y es un proyecto de vida. Yo me instruí desde que era un niño para hacer lo que hago. Me dediqué a ser el mejor estudiante de Biología, el mejor de Química, de Matemáticas, Física, porque sabía que tarde o temprano tenía que enfrentarme a esto. Hemos llegado a buen puerto, pero también hay que concluir la segunda etapa y de ahí en adelante solo queda vacunar a millones de personas en todo el mundo”.

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Cubrir las 517 enfermedades infecciosas

Manuel Patarroyo se muestra cercano desde el primer instante. Sus palabras, siempre cautas y pausadas, arrojan tranquilidad y luz sobre todos los asuntos que aborda. Comenta que hace quince años le importaba el prestigio, “el reconocimiento de lo que uno hace, pero ya no. Todo lo que hago va a quedar; el conocimiento quedará, qué más puedo pedir”.

Respecto a su método para la creación de vacunas, que no es la solución en sí, excepto en el caso de la malaria, sino la vía para su consecución, afirma que se trata de controlar las enfermedades infecciosas. En el mundo existen 517 enfermedades y sólo se conocen vacunas para quince de ellas. La modificación química de los fragmentos permite hacer visibles las partes de los microbios que afectan al organismo y que no son visibles al sistema autoinmune . De esta forma, la molécula que se ha reproducido y modificado químicamente, produce anticuerpos y se utiliza como vacuna.

En la actualidad, el científico ha probado la fiabilidad de esta vacuna en un noventa por ciento con las pruebas realizadas en monos. Ahora, además de seguir buscando el cien por cien de su efectividad, el siguiente paso en el que se pondrá a trabajar es en los ensayos de la vacuna con humanos.
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