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CONTROL STOP > POR ÁLVARO DÍAZ

110-120 km/h: regreso al futuro

   

Tras cuatro meses en que el Gobierno limitó la velocidad a 110 km/h, a partir del 1 de julio los conductores ya podemos volver a circular a 120 por las autopistas y autovías. ¡Toma ya! Sin anestesia. Al igual que en la película dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Michael J. Fox, Regreso al futuro, es como si a los vehículos los hubiesen metido en una máquina para viajar en el tiempo pero, por un error fortuito, los mismos desembarcaron en 1955, año en el que muchos de los actuales conductores aún no habíamos nacido. Según cuentan, “el Gobierno no prorroga los 110 porque el petróleo está más barato que entonces, y además la previsión es que siga bajando”. Y se quedan tan tranquilos. Está claro todo esto suena a cuento chino, sobre todo después de conocer que los españoles pagamos más de 240 millones de euros al año en coches oficiales. Y no son datos exactos porque en España no existe un censo que determine el número concreto de los mismos. Pero, incluso tirando a la baja, los coches oficiales de nuestros políticos y cargos institucionales nos cuestan una pasta. Es más, por tierras peninsulares todavía se escuchan las críticas al primer edil de Sevilla, quien envió su coche a Barcelona, donde viajó en avión, para que le recogiera y le llevara a la final de la Copa del Rey. Por esto y por muchas cosas más no me trago que la medida tuviese como objetivo final el ahorro, pero sí hubiese sido positivo aprovechar el frenazo a 110 para conseguir un mayor concienciación en la lucha contra el cambio climático mediante la reducción del gasto de combustible y las emisiones. Como en la peli donde Marty McFly y su amigo Doc tenían que impedir el primer encuentro de los padres del primero y luego conseguir que se conocieran y se casaran (de lo contrario, su existencia no hubiese sido posible), en lo que a los límites de velocidad respecta pasa lo mismo, hay que seguir el orden natural, pues tanto sube y baja sin sentido puede traer un efecto contagio en la forma de conducir al existir la posibilidad de una relajación y relativización del riesgo que supone la velocidad.