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A CONTRACORRIENTE > POR ENRIQUE ARIAS VEGA

Acciones de enloquecidos

   

El desprestigio de José María Aznar y de su partido se inició no cuando el 11-M, y mucho menos por la guerra de Irak o el Prestige, sino por la fastuosa boda de su hija con Alejandro Agag.

Aquel día, el de esa boda, se hundió para siempre su trabajada imagen de político sobrio y austero.

Curiosamente, la fotografía más reproducida de aquella cita ha acabado siendo, años después, la de un peripuesto Francisco Correa, urdidor de la corrupta trama del caso Gürtel, cruzando con arrogancia la explanada del monasterio de El Escorial. Visto ahora con perspectiva, aquello debió ser toda una premonición.

Y es que el ostentoso derroche de muchos hombres públicos en las celebraciones de sus hijas no conoce la mesura.

No se trata, en estos casos, de una cuestión de ideología sino de carácter, pues le ha sucedido también a hombres de izquierda, como José Bono, cuando el matrimonio de su hija Amelia con el vástago de Natalia Figueroa y Raphael.

Otro que parece haber enloquecido con la dispendiosa puesta de largo de su hija -¿no se trataba de obsoletos ceremoniales de la derecha más rancia y trasnochada?- es el otrora secretario general de las Juventudes Socialistas Javier de Paz.
Sólo el ágape celebrado en el palacio de los Duques de Pastrana para 150 invitados le ha costado al hombre, según las crónicas de sociedad, unos 25.000 euros.

Claro que eso, para el asesor y amigo de José Luis Rodríguez Zapatero, que gana 1,4 millones al año en Telefónica, debe ser pecata minuta.

Pero también, y aunque no lo crea, supone una colosal afrenta a millones de ciudadanos que hoy en día no tienen trabajo ni expectativas de lograrlo.