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Al servicio de los más pobres

   

Jesús Manuel Calero, de 29 años, no ve un futuro separado de África. / DA

DAVID SANZ | El Paso

Encontrar a Dios en aquellos lugares que precisamente parecen dejados de la mano de Dios es la experiencia de personas como Jesús Manuel Calero, que mañana será ordenado sacerdote en su pueblo natal de El Paso, tras pasar varios años en el Chad, país al que regresará a mediados de agosto convencido de que ese es su lugar en el mundo.

Un destino vocacional donde se muestra a las claras el rostro más doloroso del planeta, con una pobreza extrema, una esperanza de vida que ronda los cuarenta años y una población que sobrevive con menos de un euro al día.

Pero en medio de esa realidad aplastante, sobresale una humanidad desbordante que ha cautivado a este misionero javeriano, donde “la pobreza material contrasta con la gran riqueza de relaciones. La solidaridad entre ellos es fundamental. Si mamá y papá han muerto, mi tío me va a acoger aunque tenga quince hijos”, explica. Además otro de los aspectos que le ha sorprendido de esta cultura es que “Dios no se mete en discusión. Sea de la religión tradicional, católico, musulmán, Dios existe, los acompaña, es importante en la vida de ellos y los ayuda a vivir una cierta paz”.

En un contexto tan diverso en creencias y donde el catolicismo es una minoría (donde vive Jesús Manuel Calero es un 5% y llegó hace 60 años), no hay confrontación por este motivo. El Islam del Chad, religión mayoritaria, “es tolerante, no es fundamentalista, hay un respeto”. Además, el misionero palmero explica que desde el centro cultural que tienen los javerianos promueven también el diálogo antirreligioso, entre las personas de distintas confesiones que acuden a la biblioteca o a la escuela que tiene esta congregación. Es en este entorno parroquial es donde desarrolla su tarea pastoral y social, con clases de alfabetización para las niñas y adultos, Jesús Manuel Calero.

En este contexto de pobreza no puede dejar de aflorar sentimientos como el de la “impotencia”, que reconoce el misionero, ante injusticias estructurales que se dan en este país y que lastran cualquier atisbo de desarrollo. “No hay clase media, sino unos pocos ricos y muchos pobres”. Un territorio que produce petróleo pero que tiene que comprar la gasolina en el exterior porque en el Chad no hay refinería. Con una población que “come dos veces al día y antes de la nueva cosecha una sola vez”.

Esta vocación, que mañana vivirá uno de los momentos más decisivos con la ordenación sacerdotal, arrancó en Jesús Manuel Calero desde bien pequeño. Vinculado a la iglesia desde la infancia, a los once años participó en una convivencia en el Seminario Diocesano de La Laguna. Pese a que sus padres no lo vieron con buenos, “yo que soy algo testarudo conseguí convencerlos”. Allí realizó sus estudios hasta llegar al segundo curso de Teología.

Es en ese momento cuando siente la inquietud de volcarse en el servicio a los más necesitados y se pone en contacto con la orden de los javerianos. Con ellos realiza los dos últimos cursos de Teología en Madrid y de allí se dirige a Roma, donde realiza el noviciado.

En este momento entra en contacto con el trabajo solidario, colaborando con proyectos para menores inmigrantes y personas que sufren alcoholismo. Pidió como destino África y marchó, primero a Camerún y luego al Chad, donde regresará próximamente. “Mi futuro lo veo en África, no veo otra cosa que compartir con ellos su vida, sus dolores y sus esperanzas”.