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POR ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ >

Apologetas

   

Mientras los ciudadanos del movimiento social M12 preparan sus manifestaciones frente a los ayuntamientos (francamente: para oírse a sí mismos y continuar engrosando su álbum de fotos) y cristaliza el malestar por una situación económica y laboral hundida en la desesperanza puede usted ver, acercándose desde el horizonte, a una conveniente caterva emplumada decidida a decir, repetir, enfatizar, que todos somos responsables de la crisis. En esa fratría encuentro algún que otro amigo y compañeros que uno respeta y a veces admira profesional e intelectualmente. Hace tiempo -apenas había caído Grecia en su precipicio- comenzaron la retahíla: al principio adoptaron un tono didáctico y ligeramente paternalista, pero ahora, por ejemplo, han pasado con alacridad al sarcasmo, a la pulla carpetovetónica, al insulto cada vez menos creativo, como, por ejemplo, Arcadi Espada, cuando habla de la próstata podrida de Hessel. Textualmente. Atentos todos al núcleo central del mensaje de estos hermeneutas de nuestra propia estupidez: somos nosotros, los ciudadanos de clase media y los trabajadores, tan corresponsables de la crisis como los directivos de los oligopolios financieros, los grandes banqueros, los evasores de impuestos, por no hablar de los responsables políticos. ¿Por qué? Pues por suscribir hipotecas y créditos bancarios. Ah, cabroncetes: ¿pretendían adquirir una vivienda, pagarse unas vacaciones, abrir un depósito para asegurar la carrera universitaria de sus hijos? Pues apechuguen con las consecuencias. Jamás sospeché que el debate apologético llegara a caer tan bajo, en una sima tan estúpida, taruga y autosatisfecha. Nunca todos los refinados matices y retóricas del pensamiento único han tenido tantos medios de difusión y persuasión a su disposición, pero nunca su contenido intelectual ha sido tan barato, deleznable, cobardica. Aplicando la misma apariencia de razonamiento, cabría culpabilizar a los obreros del siglo XIX de las deplorables condiciones sociales y asistenciales: ¿por qué admite usted trabajar doce horas diarias por cuatro chavos? ¿No repara en que, en fin, ha colaborado usted proactivamente en esta situación? Cualquier obrero sindicado se hubiera reído a carcajadas o hubiera estrangulado a semejante analista. El crédito es la única opción del que dispuso la mayoría social en los últimos 15 o 20 años para salvar unos salarios continuamente decrecientes, salvo, solo en parte, en el sector público. Manifestaciones y sentadas frente a ayuntamientos. Los escribas arrojando su líquido encefálico en los periódicos. Y el pacto entre CC y PSC en las ínsulas baratarias pendiente de un hilo.