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Bajo la amenaza de las piedras

   
Santa Lucia - Los Barrancos

Imagen panorámica del barrio Santa Lucía-Los Barrancos, en el litoral de Agache; al fondo, la gran cueva que da cobijo a una veintena de casas, ahora desalojadas. / JAVIER GANIVET

NORBERTO CHIJEB | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Cogiendo una pequeña carretera a la derecha del cruce entre Punta Prieta-La Caleta, tras los llamados túneles de Güímar, se llega en apenas unos minutos a uno de esos núcleos marinos de la zona de Agache que el alcalde Rafael Yanes quiere defender ante la amenaza de la Ley de Costas.

Un pequeño caserío denominado Santa Lucía-Los Barrancos  que hace justo una semana comenzó a temblar por su futuro, ya no por la espada de Damocles que significa Costas, sino por la caída de unas piedras de cuatrocientos-quinientos kilos que se desplomaron sobre dos viviendas de la veintena que se encuentra situada en el interior de una gran cueva natural, epicentro de un poblado que comenzó a gestarse a mediados del siglo pasado, cuando vecinos de El Escobonal se desplazaban a la zona a pescar y comenzaron a guardar sus barcos en la gran cueva, que con el paso del tiempo se fue convirtiendo en un sitio de encuentro donde el salmorejo con papas era abundante.

Según informó Jorge Negrín, un gomero de Alajeró, que preside la Asociación de Vecinos de Santa Lucía, hay constancia de casas desde 1968, cuando ya una carretera de tierra conectaba a los coches con la Carretera General de Sur, y cinco años después con la autopista TF-1.

Un caserío que desde hace años cuenta con una ermita donde celebran cada 13 de diciembre la fiesta de Santa Lucía y que está tan bien organizado que incluso tiene un callejero con nombres como La Fula, El Chicharro, La Nea…, y cada vivienda con su numeración, que paga religiosamente la contribución -unos cien euros por una casa con dos habitaciones, baño, cocina y comedor- y que todas ellas disponen de agua corriente y luz eléctrica desde los años ochenta, tal y como confirmó Jorge Negrín.

Asamblea de vecinos

El presidente de la Asociación de Vecinos ha convocado para mañana, a las doce y en la plaza de la Ermita, una asamblea para determinar qué medidas tomar ante el desalojo de 27 viviendas y el vallado que impide a sus moradores entrar en ellas al menos hasta que dentro de una semana se obtenga el informe definitivo de los geotécnicos de la empresa Icinco, contratada por el Ayuntamiento de Güímar.

Un informe previo obligó a la Corporación a cerrar esas viviendas, justo las que están en el interior y exterior de la gran cueva natural, e incluso el Ayuntamiento ha tenido que alojar a ocho personas en el hotel rural El Paseo, en el barrio güimarero de La Hoya, a la espera que el Gobierno de Canarias pueda buscar una vivienda a estas dos familias, las que han podido demostrar que tenían su primera vivienda en Santa Lucía.

En principio, tras el primer informe realizado el lunes, el Ayuntamiento de Güímar desalojó veinte viviendas, las que se encontraban entre el interior y el exterior de la cueva, pero tres días después hubo necesidad de desalojar otras siete casas que se encuentran situadas en el límite de la cueva.

Unos desalojos y precintos de las viviendas que se han tomado con civismo todos los vecinos, tal y como ha querido resaltar durante toda la semana el alcalde Rafael Yanes, así como el presidente de la Asociación de Vecinos, Jorge Negrín, quien espera conocer el pulso de sus asociados este domingo en una asamblea de los pobladores de un barrio que ahora luchará no sólo por impedir la aplicación de la Ley de Costas de 1993 -límite marítimo-terrestre en 100 metros-, sino por intentar afianzar esas rocas sobre una cueva que en el último medio siglo ha sido la morada de algunas familias y sobre todo el descanso de otras.

Todas han pasado allí muchos fines de semana y largos veranos, como aquellos pioneros que caminaban desde El Escobonal hasta el litoral para sacar el fruto del mar.

Santa Lucia- Los Barrancos

Los habitantes de las viviendas de la gran cueva de Santa Lucía no olvidarán la madrugada del sábado al domingo, sobre las tres horas, cuando un par de rocas de grandes dimensiones se desprendieron y cayeron sobre dos viviendas y un vehículo. / J.G.

“Aquí siempre hemos convivido  como una gran familia”

Humberto y Rosa forman un matrimonio de jubilados que acudió el pasado jueves a Santa Lucía a quitar el polvo de su vivienda, la que compraron en los años ochenta para pasar allí algunos fines de semana y casi todo el verano. “Aquí -afirma Rosa- siempre hemos convivido como una gran familia” y, aunque reconoce que “nuestros hijos no vienen mucho ahora”, pero “de niño estaban encantados con pasar los días en Santa Lucía”.

Humberto y Rosa viven en Santa Cruz, como lo hace también Jorge, quien andaba enfadado porque “no me dejan pasar a la vivienda de mi pareja a retirar las cosas de la nevera y unas plantas”, algo que sólo podía hacer, según le informaba un policía local, cuando lo permitiera el ingeniero que está realizando el estudio geotécnico.

Ambas casas, en la calle La Fula, no sufrieron daño alguno, aunque en la de Humberto y Rosa, en primera línea de mar y en el exterior de la cueva, si había dejado rastro de polvo del gran derrumbe de la madrugada del domingo.

Humberto Expósito recordaba que “no sé lo que va a pasar con la Ley de Costas, pero nosotros pagamos todos los impuestos de contribución, basura o agua, y todos los vecinos pusimos la luz hace unos treinta años”, afirma con cierta señal de preocupación sobre lo que puede ocurrir con su vivienda después de un suceso que, quiérase o no, ha reabierto el debate sobre le legalidad o no de muchos núcleos urbanos en el litoral. Un centenar de personas de Santa Lucía ya no sólo temen a Costas; ahora también se fijan en las piedras.