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MI AMIGO CICLANO < POR VÍCTOR ÁLAMO DE LA ROSA

Buena gente

   

Esta semana Ciclano y yo solo pudimos conversar por teléfono, porque no hubo modo ni manera de cuadrar nuestras agendas. Le dije que por qué, de pronto, nos liamos con fruslerías cotidianas y postergamos lo que de veras nos apetece y él me dijo que eso era verdad, que había que organizarse la vida de modo que siempre hubiera tiempo para lo bonito y para lo que nos gusta y para charlar un rato con los amigos y uno rodearse de buena gente. Y Ciclano dijo buena gente como podría haber dicho gente buena y ya por ahí hilvanamos una conversación que de veras me gustó, a pesar de que a veces la comunicación por móvil era deficitaria y solo nos oíamos a retazos.

Quiso Ciclano reivindicar la abundancia de gente buena, que todavía la hay, aunque no lo parezca. Buena gente que dedica sus esfuerzos a hacer el bien y a ser solidarios y se apuntan a las oenegés y a las donaciones y hasta participan en labores humanitarias en guerras lejanas donde los matan aunque crean en hacer el bien. Y hablamos de toda esa gente buena que no vive haciendo de su existencia centro de la codicia, el egoísmo y el euro, y que uno todavía a menudo conoce aunque de ellos no se cuente la historia ni siquiera en letra pequeña. Los artistas que hacen arte contra viento y marea y escriben y componen y pintan y que no tienen pensión. Los pensionistas que cotizan cuarenta años y sobreviven con 800 euros y ese personal médico que no mira horario ni fecha en el calendario y sigue ayuda que te ayuda y toda la multitud de parados que persevera de currículum en currículum y a diario reverdecen la esperanza para que la esperanza siga siendo verde y siga siendo, dijo Ciclano, porque sin toda esa buena gente buena no se le podría poner color al futuro.

Y la buena gente es fácil de definir porque son lo contrario de los políticos que no se bajan el sueldo y queman los erarios y se premian con pensiones a los siete años de servicio, lo contrario de los banqueros y su larga retahíla de directivos altos, medios y bajos que se pulen sueldos multimillonarios sin que se les caiga la cara de vergüenza, lo contrario de todos los que son incapaces de esforzarse solidariamente para que el mundo siga girando y no acabe reventado por los abusos.

Porque es un abuso idear eres masivos en empresas con ganancias multimillonarias, porque es intolerable comprobar que si solo en España hiciéramos unas cuentas razonables (combatir de verdad por ejemplo el enorme fraude fiscal) descubriríamos que la mayoría de los argumentos esgrimidos para llevar a cabo toda esta importante erosión de derechos sociales son burda mentira, dijo de golpe Ciclano. Yo le dije que era verdad que entre el comunismo y el capitalismo salvaje había un término medio que había que buscar con urgencia y, claro, no pude hacer otra cosa que demostrarle mi acuerdo, y le puse como ejemplo de buena gente a un padre y a su hijo recorriendo el paisaje fúnebre del fin del mundo, que tan magistralmente describe el escritor norteamericano Cormac McCarthy en su novela La carretera, perfecta fábula de lo que habrá de suceder si no le vamos poniendo leyes justas a los desmanes del capitalismo radical, ¿o es que entre todos nos vamos a creer la patraña de que no existe una economía social?

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