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POR LEOPOLDO FERNÁNDEZ >

Buenos deseos

   

Hoy es el día. De confirmaciones, pero también de sorpresas. En la mayoría de los ayuntamientos canarios, lo mismo que en el resto de España, se sabe lo que va a pasar porque se han adelantado y firmado numerosos pactos; en otros, no sucede lo mismo y, por tanto, es posible que algún candidato a alcalde sea cogido desprevenido, o vea confirmadas sus sospechas y se quede compuesto y sin bastón de mando. La política municipal tiene sus peculiaridades y muchas veces se mueve -lo vemos estos días al calor de los acuerdos- por encima de intereses partidarios o con ciertas reticencias hacia las órdenes de quienes controlan los aparatos de poder. Las relaciones personales suelen ser determinantes y si no coinciden con las instrucciones de partido se puede sembrar la simiente de unos desencuentros que luego se pagan, en forma de ruptura de acuerdos o mociones de censura. Allí donde por hache o por be no se puedan formar mayorías estables, una fuerza política minoritaria tendrá en su mano la llave de acceso a las alcaldías. Personalmente me da igual, salvo en el caso de Bildu en el País Vasco, el color político de la formación que resulte triunfadora, con tal de que quien gane sea capaz de realizar una buena gestión municipal dentro de las muy limitadas posibilidades que se van a encontrar los mandatarios locales. La nueva legislatura viene muy condicionada por la necesidad ineludible de pagar deudas, reducir gastos e incluso el tamaño de la administración, contratar menos personal y dejar empantanadas la mayoría de las obras proyectadas. En estos tiempos de crisis importa mucho la austeridad y la reorganización de los servicios bajo el prisma de su racionalización vía mancomunidad. También conviene aplicar desde el primer día un espíritu de concordia y entendimiento corporativo que haga piña en beneficio de los vecinos, olvidando viejas diferencias y rivalidades. La ciudad, el pueblo, debe ser lo primero, y su progreso y el de sus habitantes -sobre todo el de los más desfavorecidos y marginados- han de constituirse en el nexo de unión de las corporaciones que hoy se constituyen. Unas corporaciones que están llamadas a cambiar prácticas políticas apolilladas, teñidas de confrontaciones inútiles y que se han mostrado inservibles a la hora de procurar la ordenada convivencia ciudadana y la participación del vecindario en los asuntos que le afectan directamente. De ahí la conveniencia de que cada ayuntamiento que hoy se forme para un mandato de cuatro años, se comprometa a asumir un compromiso ético por la honradez, la buena administración, la transparencia y el diálogo con ciudadanos tantas veces justamente indignados.