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Cicatrizando heridas

   

Un mes después de celebradas las elecciones, las víctimas han sido tantas en todos los partidos que una elemental política de gestión de recursos humanos, con un mínimo criterio empresarial, debería aconsejarles hacer un balance para restañar heridas, ver los errores cometidos y así tratar de evitarlos en el futuro. En algunos casos esto es como pedir peras al olmo y en otros los daños han sido tan inevitables como irreparables por ahora.

Meses atrás, al analizar la situación de los partidos políticos canarios, dije que para tener éxito son necesarias tres patas esenciales. Sin proyecto, estructura y liderazgo el éxito se vuelve imposible. Entonces señalé que todos los partidos tienen carencias de uno u otro tipo y vistos los resultados, eso explica algunos de los males de la política canaria.

Los socialistas han pagado los platos rotos del efecto ZP, pero su carencia de liderazgo se ha puesto de manifiesto en toda su crudeza durante la negociación de los pactos. Se han comportado como el ejército de Pancho Villa y pueden darse por contentos con la cosecha de poder alcanzado. Han aguantado bien en los municipios, pero el batacazo en el Parlamento solo es compensado por la entrada en el Gobierno como subalternos. Su ausencia de proyecto es de tal magnitud que, a posteriori, de sus mensajes de campaña solo recuerdo un agrio debate con sus represaliados en Tenerife, a propósito de la reforma electoral. Tienen el consuelo de que, cara a las elecciones generales, pueden darse con un canto en el pecho.

Coalición Canaria ha retenido la presidencia del Gobierno regional, pero aún deben estar tomado tila por el susto de haber podido perder algunos de sus buques insignias en Tenerife. Salvo su éxito en Lanzarote y la confirmación del peso de su pata majorera, en las restantes cinco islas el balance final solo puede ser calificado como un grave contratiempo. Deberían solucionar dos problemas que amenazan su futuro. El primero, su crónica debilidad en Gran Canaria, donde a pesar de la grosera utilización del gobierno para potenciar sus candidaturas, el éxito obtenido es manifiestamente mejorable, lo que tendría arreglo si logran entenderse con la Nueva Canarias de Román Rodríguez. El segundo debería hacerles reflexionar sobre las razones por las que despiertan tanto rechazo entre los militantes y votantes socialistas y populares. O encuentran solución para los odios africanos que generan o lo pasarán mal en el futuro. El primer test lo tendrán en las elecciones generales.

En el PP pueden estar contentos. Son primera fuerza en el Parlamento y su progresión en cabildos y en municipios ha sido notable. En Gran Canaria son hegemónicos y salvo en el caso majorero, en el resto de las islas han tenido excelentes resultados. Es verdad que en Tenerife no han sabido o no han podido administrar mejor el caudal de votos recibidos. En La Palma, Lanzarote, Gomera y Hierro mejoraron sus resultados y después han sabido gestionarlos con éxito. A destacar que por primera vez tienen diputados elegidos en las siete islas. En Tenerife sus buenos resultados no han sido suficientes para conformar mayorías de gobierno. Lo de Santa Cruz es un caso flagrante de errores de estrategia y de frustradas ambiciones personales. Y en Fuerteventura, algunos deberían estar arrepentidos de no haber resuelto de mejor manera el cisma padecido, que terminó con la salida del partido de su valor electoral más sólido. En las próximas elecciones generales el PP tendrá un gran éxito en Canarias.

* Catedrático de Derecho
Administrativo (jra@udc.es)