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MI AMIGO CICLANO > POR VÍCTOR ÁLAMO DE LA ROSA

Cifras

   

A mi amigo Ciclano le dio el otro día por sacar la calculadora y decirme que, aunque se consideraba un hombre de letras, ahora había decidido leer la información en clave de números, “cifras que nos abran los ojos”, me dijo muy elocuente, porque, me confesó que “no acababa de entender que la gente no se movilice cuando todos los números cantan y cantan hasta el clamor de la pestilencia”, dijo. Yo me dispuse a escucharlo, otra más de nuestras animadas conversaciones, aunque me propuse no importunarlo demasiado con mis ganas de buscarle las cosquillas. Ciclano sacó la calculadora y se puso a calcular los sueldos de los principales banqueros y ejecutivos españoles. Y empezó su ristra con Alfredo Sáenz (Banco Santander), que gana 9,18 millones de euros. Y siguió con Francisco González (BBVA), que se embolsa 5,32 millones, el pobrecillo. Y después me preguntó si el ahorro y los recortes que se avecinan volverían a diezmar la economía de los españolitos corrientes y molientes sin que hiciéramos nada, como si las palabras ahorro y solidaridad solo estuvieran en el diccionario para los que siempre pagamos los platos rotos. Como se había aburrido con los banqueros, se fijó en César Alierta (Telefónica), que cobra 8,6 millones, y en Ignacio Sánchez (Iberdrola), que se chupa de sueldo casi siete milloncejos de euros, mientras el teléfono y la luz no paran de subirnos, así de simple. Y, a la vista de la explosiva realidad, ya “no vale conformarnos con que esto es un sistema capitalista y punto porque hay mecanismos democráticos para impedir tanta obscenidad salarial”, me dijo el Ciclano mientras yo trataba de calmarlo, no fuera a infartarse.

Pero volvió a esgrimir la calculadora para darme cifras más locales, las del endeudamiento del Ayuntamiento de Santa Cruz, y me dijo que los santacruceros debíamos más de 95 millones de euros (más de tres millones corresponden a Fiestas), por lo que nosotros los vecinos teníamos que saber que debemos casi 430 euros por barba mientras un alcalde se va y otro entra sin que medie explicación ni se pidan responsabilidades. Vaya miedo me está dando esto de que se estire tanto la cuerda de la paciencia del pueblo, le dije, por darle la razón, pero también le dije que los canarios éramos un pueblo feliz y aguantadito y domado, y que eso lo demostraban otras cifras, como por ejemplo las del consumo de televisión. Según la última estadística, los canarios estamos entre las regiones españolas donde más tele se ve, unos 240 minutos al día, esto es, la friolera de cuatro horas diarias. Si no lo veo no lo creo, le dije, y llegamos a la conclusión de que no dejaba de ser buena idea ofertarnos unas televisiones tan pero tan buenas que nos enganchaban cuatro horas diarias, que así nos estaríamos quietecitos viendo la vida pasar, como si charlar, pasear, hacer el amor, leer, ir al cine y al teatro y a exposiciones, viajar, pescar, hacer deporte, leer, hacer el amor, yoga, natación, leer libros, leer periódicos, leer en Internet, hacer el amor, leer (las repeticiones de Ciclano son adrede porque le gustó hacer la broma) no nos sirvieran para absolutamente nada. Con ese consumo de televisión, a veces pienso que la Canary Revolution podría comenzar simplemente apagándola. Saquen la calculadora y hagan sus cuentas, gritó de pronto Ciclano, porque ya no sabemos cuánto es dos más dos (fíjense, si no nos creen, en los pactos políticos, triste batiburrillo de la matemática interesada).

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