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VA POR EL AIRE > POR BENITO CABRERA

Corpus Ritual

   

La fiesta del Corpus Christi es la más antigua de Canarias. Pero no en su concepción actual. Los arcos y las alfombras de flores, de arena y de sal suponen una incorporación tardía a una celebración cargada inicialmente de elementos rituales.

Desde 1496 se celebró el Corpus en La Laguna y, sobre lo que aún eran campamentos militares, se fue instaurando en Las Palmas y Santa Cruz de La Palma. Las actas de los cabildos de todas las Islas abundan en referencias sobre el desarrollo de esta fiesta, de gran interés para historiadores y folcloristas.

El elemento central del Corpus era su procesión. Materialización simbólica de la jerarquización social, de la eterna lucha entre el bien y el mal y de la iconografía cristiana, estaba representada por una cohorte de matachines, diablos y representaciones diversas. El popular baile de cintas, tan arraigado en Tenerife, toma forma en el Corpus, que convivía con otras danzas como la del pelícano. Acompañado invariablemente con tambores (existe alguna referencia al uso de vihuela), estos eran siempre tocados por negros.

Los gigantes y cabezudos, los bailes de libreas, los carneros, los diablos y diabletes que perviven en las Islas, también tienen su origen en el Corpus.

Sin embargo, el elemento más llamativo de esta fiesta era la Bicha o Tarasca: una especie de dragón fabricado con materiales y dimensiones diversas. En Canarias existen numerosas referencias de su fabricación hasta finales del XVII. En Madrid, la Tarasca llegó a alcanzar proporciones inmensas. Aún pervive en el Corpus de Toledo.

La fiesta decayó y el empeño de algunos ilustrados, que consideraban una falta de respeto tanta danza y jolgorio, hizo que desaparecieran la mayoría de sus elementos, aunque algunos se mantuvieron en virtud de una traslación de fecha hacia otras fiestas como el Carnaval.