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DESPUÉS DEL PARÉNTESIS > POR DOMINGO-LUIS HERNÁNDEZ

Cortázar: ‘Papeles inesperados’

   

Confieso una verdadera aversión, aunque, sin embargo, por ser lo que soy y representar lo que represento como universitario, he caído: rastrear en los desperdicios de los escritores. Cuando me dispuse a publicar los cuentos completos de Roberto Arlt, le repetía a un amigo de la Complutense que me creía un traidor, porque Arlt había elegido en El jorobadito (del año 1933) y El criador de gorilas (de 1941, un año antes de morir) y yo no era quien para remover en esa tumba. “Hazlo, al menos, por los estudiosos de Arlt”, me repitía. Y como uno siempre tiene el orgullito pegado a la piel, procedí. Pero no quita que ante hijas como Mirta Arlt y viudas herederas a uno no se le pongan los pelos como púas de erizo. Y eso he comentado más de una vez a propósito de María Kodama (La China, para los enemigos y otros mendicantes de Buenos Aires). Es cierto lo que me comentaba Santos Sanz Villanueva. Por ese modo de proceder no es necesario buscar y rebuscar en archivos, pero admito que Borges es un tótem y como tótem decidió sobre sus Obras completas, y ante los manejos dinerarios de la dicha China estoy con los que la desprecian.

Y Julio Cortázar también. Así es que he de confesarlo: me movía como una marmota en torno a los Papeles inesperados, que un conspicuo español (el allegado Carlos Álvarez Garriga) descubrió en los fondos de un baúl del escritor después de su muerte en el año 1984. Me resistía, repito, hasta que la Feria del Libro me puso el libro ante mis ojos y no me pude resistir. Descubrí.

Ocurre que, como comenta Álvarez Garrigo en el prólogo, la mujer de Cortázar (Aurora Bernárdez) es una mujer muy consecuente. Y por eso procedió. Y ocurre que los Papeles inesperados no lo son tanto. No sólo contienen materiales inéditos (muchos poco interesantes, como los poemas) sino que se unen ahí discursos, otros papeles nada íntimos y una parte sustancial de los escritos en periódicos de Cortázar, en especial los de su etapa mexicana. Y eso es aleccionador, porque uno puede seguir la estela de un gran escritor ante las partes de su escritura que parecen carecer de la exigencia de sus grandes obras, como muchos de sus cuentos, el excepcional El perseguidor o la irrepetible Rayuela. Ahí Cortázar es un escritor categórico. Y más: muestra al individuo en toda su intensidad, en la ideológica y en la intelectual. Sobre lo segundo, cuento una anécdota. Ocurrió en París. La amabilidad de Julio Cortázar hizo que convocara a su mesa a los escritores Mario Vargas Llosa y Rafael-Humberto Moreno Durán. Cuando terminó la velada, Vargas Llosa le comentó a Moreno Durán camino del hotel que Cortázar había preparado con sumo detalle el encuentro. Mi amigo colombiano se interesó por la observación del escritor peruano-español. Vargas Llosa le dijo: “Es imposible que exista en este mundo una persona tan sabia y tan inteligente”. Lo era. Luego, los Papeles inesperados contienen parte de ese rigor y, como dije, asimismo la disposición personal e ideológica que define al gran autor de Rayuela.

Me pararé en tres momentos. El primero (A favor del bilingüismo) habla de la necesidad de los seres humanos de combinar variables para comunicarse, como él hizo, como él ideó para construir Rayuela y como él lloró al ser confirmado como ciudadano francés siendo argentino. La historia es la historia de una familia polaca que atiende a las demandas de un pariente que vive en París y al que desean visitar. Compran un viejo coche con sus ahorros para hacerlo, lo dejan en un supuesto aparcamiento a las afueras de la ciudad y, cuando el familiar se percata del desaguisado y procede a rescatar el vehículo, lo encuentra hecho un cubo de metal. La imposibilidad de comunicación había dejado el vehículo en un centro de desguace. El futuro es la metáfora. Y el futuro es una lengua materna y otra lengua de convivencia. Es decir, Cortázar.
El otro momento contiene múltiples convocatorias. Tiene que ver con un niño medroso (De una infancia medrosa) y de cómo un niño tal explica el miedo. Niño solitario que vivió un Buenos Aires dispar, que se asustó con los ruidos y los fantasmas y que, por ese estigma suyo, se sumergió en los sustos del papel, desde Poe (su gran maestro) a Maupassant. Eso da con un tino soberbio, el tino de uno de los más grandes cuentistas del español. Para librarse de sus temores, se dispuso a compartir los temores. Sujeto de escritura junto al confabulado lector. Una lección digna de repetirse que sólo un escritor como Cortázar (o Borges) puede hacer perceptible.

Y queda la invocación suprema de esta persona que une al compromiso de la escritura el compromiso de su responsabilidad. Cuba será una de las atalayas, frente al capitalismo irredento y a la capacidad de sumisión. Lo leí en un episodio (Respuesta a una carta) que explica uno de los desastres que Cortázar vivió de cerca: los efectos de la dictadura de Videla y sus generales en Argentina. Motivo: la desaparición de la señora doña Thelma Jara de Cabezas, que luchaba por el esclarecimiento de la injustificada muerte de su hijo.

Cabe, entonces, contraponer al miedo del niño Cortázar el terror ante la vileza y la barbarie del hombre Cortázar. Con lo que queda. Y esa es la suma de razones que se leerá siempre en este autor esencial y que los Papeles inesperados explican: el compromiso del creador con el compromiso del hombre que vive su circunstancia y en su circunstancia.
Para eso sirve la escritura, para eso sirven las letras de quien las sabe manejar: para explicarlo todo, los sueños y las anomalías de este mundo. Para eso, a pesar de que los pusilánimes crean sentirse seguros en el feudo de la suficiencia y de las naderías. Julio Cortázar.