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EL OBSERVADOR > CARLOS E. RODRÍGUEZ

Crisis y soluciones

   

El mundo liberal español está últimamente agitado e incluso su organización más conocida, el llamado Club Liberal, atraviesa una crisis de serias divergencias internas. El tema no es menor porque el liberalismo, que tanto aportó a la viabilidad y eficacia de la transición, aparece ahora dividido en sectores y facciones, lo que alcanza incluso al Club Liberal, cada vez más claramente escindido entre los seguidores de quien fue su presidente durante muchos años, Bernardo Rabassa, y los de su nuevo presidente, de quien casi nadie piensa que sea realmente liberal, pero que es un hábil maniobrero y se ha hecho con apoyos significativos. En estas circunstancias, la casi inexistencia, en términos políticos prácticos, del liberalismo español se agrava y profundiza. Así que es preciso reconocer que los liberales españoles, pocos o muchos, no pasamos precisamente por el mejor momento.

Esto no es precisamente bueno, habida cuenta de la tendencia de los partidos españoles, de derechas o de izquierdas, incluso los nacionalistas, a planteamientos radicales y por tanto poco o nada liberales, pero es lo que hay. Y es desde luego muy distinto a lo que había en los buenos años de a transición, cuando la derecha, de la mano de Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo, ponía el énfasis en los planteamientos liberales, y la izquierda, de la mano de Felipe González, planteaba un socialismo europeo moderado casi liberal. Por lo menos, es preciso reconocer que en los últimos tiempos el liberalismo español ha encontrado refugio en los ámbitos empresariales, de la mano del actual presidente de la CEOE, el innegablemente liberal Joan Rosell, y de los presidentes de las cinco o seis principales grandes empresas de nuestro país. Pero la ausencia de rigurosos planteamientos liberales, más allá de la propaganda, en el escenario de los grandes partidos políticos es inquietante y negativa a corto y medio plazo. Cierto que, como pequeña pero sin duda valiosa contribución a la recuperación y difusión de los modelos e ideas liberales, se anuncia la próxima reaparición de una revista de pensamiento liberal, Soluciones Liberales, que fue emblemática en los años ochenta y que tuve el honor de dirigir con la ayuda de un Consejo Editorial cuya simple relación de nombres sería impresionante. Pero, a la hora de la verdad, y siendo muy valiosas las contribuciones intelectuales, lo importante es el escenario político, y en éste se aprecian muy pocas voluntades liberales realmente sólidas.

Así que a los empresarios con inquietudes intelectuales y políticas no les va a quedar otro remedio que tomar iniciativas y convertirse en abanderados de las ideas liberales que, con toda evidencia, España necesita y demanda. Son ellos los que pueden conseguir que los políticos se hagan más permeables a las ideas liberales que cualquier sociedad moderna, y desde luego la compleja sociedad española, necesita para generar un modelo económico eficiente. Esta necesidad de ideas y programas liberales resulta especialmente importante en el ámbito territorial de Canarias, porque sólo un modelo liberal eficiente permitiría desarrollar y gestionar todas las inmensas posibilidades económicas del Archipiélago, a las que en tantas ocasiones me he referido con el modelo del Singapur del Atlántico, que puede hacer de Canarias el gran centro de comunicaciones y negocios entre Europa, África y América. La parte buena de la noticia es que, a diferencia de lo que sucede en otros países, el socialismo español es perfectamente compatible con el liberalismo. Para ello es necesario, primero, que se generalice un espíritu de expectativas de modernización y progreso, como el que hubo, en izquierdas y en derechas, durante los buenos años de la transición, y en segundo lugar, la recuperación del espíritu y la voluntad de consenso de aquellos años.