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LA MIRILLA > POR ROMÁN DELGADO

Dando patadas

   

Esta vez volví al mundo, es un decir, gracias, y es otro decir, a las patadas certeras y de punta que mi congénita Teresa me soltó en plena duermevela. Y digo duermevela porque el de arriba, el obrero, está empeñado en aprovechar bien el día y no hay jornada en la que empiece con su estruendo de alicatador más allá de las 8.00. Ni con las colas. Teresa estiró sus piernas y golpeó bien, muy bien, que en la mañana del miércoles estuvo como nunca. El balón vi que esta vez entró por la escuadra, y claro: ¡…gol! El guardameta (yo mismo) no pudo hacer nada. Luego, en el mismo instante de esta alba tan personal, toco a rebato por la ilustrísima Sandra Rodríguez, concejala del grupo de gobierno en el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz, que parecía que estaba muy cerca del colchón dando patadas, pero no era el colchón (¡qué susto!), sino que el sonido provenía de la radio posada cerca de la cama, que no dentro, sino sobre la mesita de noche de la derecha, de la derecha si se observa de frente, es decir, si, según entras al lugar donde recibo las patadas (algunas lindas y otras penosas), miras de frente y entonces ves, sin problema alguno, que la posadera de la radio está a la derecha. ¿Entendido? Ahora sí está claro a qué derecha me refiero, que no quiero confusiones ya, de entrada. Dicho esto, digo también que el aparato que está a la derecha de la cama me dio una patada de verdad, metáfora incluida (¡que ya se tuvo que haber pillado!); una patada que llegó a mis oídos en forma de mensaje oral emitido por la susodicha Sandra, que en su intervención matutina en Radio Club dijo algo así como que en Puerto de la Cruz los integrantes del grupo de gobierno local, un montón de concejales, no se han subido el sueldo. Pues claro que no, señora Sandra; pero sí, por decisión de los que ahora tienen sueldo (la mayoría), y cuantioso, más con la que cae (y no pienso en la calima), se ha elevado de forma considerable, muy por encima del IPC (y ya se me entiende la expresión), el coste salarial global de todos los concejales con puesto y mando, algo que el empobrecido Ayuntamiento de Puerto de la Cruz seguro que agradece. Porque ahora no hay nada mejor que pagar a todos los concejales de CC y PP, los que forman el nuevo ejecutivo, sueldos con cifras de a tiempo completo, de liberados. Sólo queda por ver si el cemento o el pegamento de esta alianza, la condición sine qua non del pacto ya cerrado, era la de estar todos bien remunerados, con sus sueldos respectivos chupiguay, y contentos y cantando en coro. Sí, señores, ya están todos con sueldo, pese a que la señora Sandra siga con su discurso de moscas y guachinche acerca de que el sueldo no se lo han subido. Claro que no, señora Sandra; claro que no. El sueldo estos concejales no se lo han subido (a tanto no han podido llegar), pero bien que no se han cortado un pelo en contribuir desde la gestión y desde la política a que el agujero del erario local sea cada vez más profundo. Y claro que están elegidos por el pueblo, y claro que esto es la democracia, y claro que Chano, del PP, también lo consintió (cómo no iba a hacerlo el de la Cruz Santa), y claro que a un discurso se contrapone otro, y claro que van a conseguir sacar a Puerto de la Cruz adelante, y bla, bla, bla… Pero señora Sandra, deje de dar patadas, de tirar fuerte y duro, siempre fuera de los tres maderos; deje de explicar lo inexplicable. Por favor, dejen de parecer lo que son. Toquen el balón y jueguen la pelota, sin patadas, que las patadas que a mí me gustan son las de Teresa: los sencillos, involuntarios, inconscientes y sanguíneos golpes de Teresa. Dejen de dar patadas en la boca.