X
LA COLUMNA > MANUEL IGLESIAS

Denuncias inciertas

   

Uno de los aspectos negativos de la política en Canarias, y que ha contribuido a su descrédito entre los ciudadanos, es el hábito de algunos personajes y partidos de convertir, desde el primer momento, lo que es una denuncia en una condena. Y a un imputado en un culpable.

Es decir, se hace una afirmación o una apreciación de irregularidad y desde el primer momento se da por hecho de que esto es así y, en consecuencia, se generan titulares de prensa, informaciones y comentarios, considerando real lo que es meramente una presunción que todavía hay que demostrar, o incluso tomando por verdad una falsedad, simplemente por el calumnia, que algo queda, o porque hay que denigrar al contrario a cualquier precio, incluso por el camino de lo incierto.

Prácticamente no hay fuerza política que se escape a tales manipulaciones, como verdugo o como víctima, porque todas prácticamente han caído en el innoble arte del infundio, pero, lógicamente, aquellos que se encuentran en la oposición son más proclives a lanzarse estentóreamente por la vía de la denuncia dudosa, pero que proporciona inmediatamente titulares en los periódicos.

Lo malo para la verdad y para el ciudadano es que, cuando se hacen tales afirmaciones, suelen tener gran relevancia y, en cambio, cuando se desmonta el tinglado, la noticia muchas veces aparece en un rincón y poco hace para aliviar al agraviado con la falsedad.

Ciertamente, uno de los papeles que le corresponde a la oposición es el de vigilar la acción de los gobernantes y denunciar aquello que percibe como mal hecho, pero sería aconsejable que hubiera un equilibrio y probablemente un grado más alto de certeza en muchos casos, porque, por más que enmienden los jueces, la liberación de los cargos no deja impoluto, como al principio, lo que se manchó en otro momento ante los ciudadanos.