X
ANÁLISIS > POR CARLOS CARNICERO

El 19-J

   

La historia es testigo del desconcierto de las grandes transformaciones. Los procesos de cambio siempre encuentran resistencia. Los conservadores tienen, por definición, miedo a que las enseñanzas del pasado inviten a cambiar el futuro.

Todo lo que está sucediendo en las calles de muchos países de Europa y en España en concreto está impregnado de signos de cambio. Nuestro modelo de vida no da más de sí sin grandes transformaciones. El cambio climático garantiza que nuestro modelo de consumo es insostenible. Las grandes diferencias sociales que se han proyectado en el final del siglo XX y comienzos del XXI hacen que las sociedades estén cebando bombas sociales de efectos retardados. La primacía de la economía financiera sobre la productiva genera burbujas que pagan todos los ciudadanos.

La perdida de soberanía política de los países frente a los mercados es insostenible. Han salido a la calle los indignados; cuando han demostrado su dimensión, muchos han querido darles una palmada en la espalda como si fueran adolescentes simpáticos pero algo peligrosos. Lo son; son un peligro para el establishment, que se resiste a hacer cambios hacia la democracia real, la democracia económica y la democracia participativa.

Como todo movimiento de cambio que se hace poderoso, promueve recelos que se terminan por convertir en enemigos. Ayer la lupa estuvo puesta en estos manifestantes.