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ANÁLISIS > POR ARTURO TRUJILLO

El adelanto electoral

   

Estoy convencido de que mientras a Zapatero, a pesar de la nefasta situación en la que nos ha metido, no le interesa el adelanto de las elecciones generales, a Rubalcaba sí que le agradaría mucho que ese anuncio se produjera lo antes posible. El presidente en funciones sigue insistiendo en la no disolución de las Cortes para seguir con las reformas que aún está pendiente de aplicar. Es una excusa gratuita. Porque miren que ha tenido tiempo para haberlo hecho. Pero lo único que quiere es llegar vivo al final de la legislatura.

Parece como si de este asunto hubiese hecho una cuestión de honor. Y mientras tanto Rubalcaba, que ya es el referente de los socialistas, si quiere ese adelanto electoral. Entre otras razones porque seguro que es consciente de que los resultados del 22-M no fueron coyunturales. Que los hechos lo están confirmando y que las encuestas como candidato a la presidencia del Gobierno, no terminan de cerrar la enorme brecha abierta por el Partido Popular y porque sabe que cuanto antes se celebren, menos votos perderá por el camino. Y también porque no tendría que soportar el desgaste que supondría la aplicación de medidas impopulares, aunque necesarias, que Zapatero está obligado a poner en circulación para intentar corregir el déficit. Mientras tanto, la desconfianza creciente en las posibilidades de recuperación de España, es cada día es mayor. Sobre todo por parte de los inversores. Y es precisamente por eso, por lo que Rubalcaba prefiere que ese “sucio trabajo” lo haga Mariano Rajoy cuando consiga esa victoria que parece inevitable, y así no tendría él que mojarse en temas tan equívocos como los de las reformas de las pensiones y la negociación colectiva, entre otros, y sólo se preocuparía en sacar adelante las cerca de treinta leyes que aún están en trámite en el Congreso de los Diputados y, por favor, en buscar alguna solución para que ese colectivo de alborotadores antisistema, convertidos en ocupas de la mayoría de nuestras plazas públicas y en hostigadores de autoridades que han sido elegidas democráticamente por el pueblo, abandonen de una vez esa posición radical frente a la democracia. Qué razón tenía Ortega cuando decía que “las revoluciones no arreglan nada, lo trastornan todo”. Aunque ésta, más que a una revolución, comienza a parecerse a una involución.

Además, con un adelanto electoral, Rubalcaba tampoco sufriría desgaste alguno intentando convencer a PNV y CiU -con CC no haría falta porque su diputada nacional, Ana Oramas, ya ha conseguido que su formación política esté más que convencida-, para que, una vez más le presten su apoyo a la hora de aprobar los Presupuestos Generales del Estado puesto que, en esas circunstancias, éstos serían prorrogados hasta la entrada del nuevo Gobierno. Y dicho esto, también creo que en este asunto del adelanto de las elecciones generales Mariano Rajoy podría estar en la misma órbita que su oponente Zapatero. Aunque solo sea por una vez. Y es que el adelanto electoral no es beneficioso para los intereses del líder de los populares que, lógicamente, tendría que comerse el marrón de esas reformas impopulares de las que hemos hablado anteriormente. Pero supongo que si Rajoy se ha decidido a pedir ese adelanto, será porque sabe que quiénes sí quieren que se produzca son los ciudadanos de este país, que ya están hartos de tanto chalaneo político.

Por otra parte, la situación de la economía en nuestro país continúa casi por la misma senda. Salvo los datos favorables relacionados con el turismo, que podrían aliviar esa pesada situación, el despegue definitivo de nuestra economía tardará algunos años. Y no se trata de un juicio de valor, sino que es un hecho objetivo producto de las informaciones facilitadas por los expertos económicos. Solo en comunidades autónomas como la nuestra, cuya principal industria es el turismo, los factores estacionales son los que hacen que este panorama desolador sea más suave. Pero aún nos queda el trágala de los últimos meses de este año, cuando el verano haya terminado y el paro vuelva a aumentar. Porque según se desprende de los indicadores, será a partir de octubre cuando la actividad económica, salvo el turismo, volverá de nuevo a su ya acostumbrada caída libre. La economía del país seguirá, por tanto, en cuestión. Y el modelo de sociedad ha comenzado a resquebrajarse por completo. Ahí tienen como un claro ejemplo esa dejación de obligaciones, permisibilidad con desafío a la Ley incluido, de este Gobierno socialista para que los indignados del 15-M puedan tomar las plazas con absoluta libertad. También eso lo sabe Rubalcaba, que no querrá llegar a marzo de 2012 con una situación ciudadana tan desastrosa.

Pero dicho esto, no deja de ser curioso que, después del batacazo electoral, cuando ya se está produciendo un acercamiento de CiU y PNV hacia el PP -ya están hablando con Mariano Rajoy-, CC quiera seguir apostando por el PSOE. Pero ya no solamente es que esa evidencia cuestiona una forma de actuar equivocada, sino que, a mayor abundamiento, si nos atrevemos a hacer una reflexión entorno a la situación política en Europa, llegaremos a la conclusión de que este es el peor momento para apoyarles. Porque ahora es cuando el viejo continente parece querer cambiar el color ideológico de su territorio. Ahora, cuando el socialismo europeo empieza a hacer aguas por todas partes y la mayoría de los países de la Unión Europea ya desconfían de las propuestas tradicionales de la izquierda y se inclinan por gobiernos de centro-derecha capaces de aplicar políticas aptas para salir de la crisis. De los 27 países que conforman actualmente la UE, solo cinco están gobernados por socialistas. Y el de mayor peso específico, el nuestro, tiene un Gobierno socialista que está más amortizado que la deuda de la segunda República. Hasta el extremo de que Felipe González dijera solo hace unos días que “siempre seré afiliado del PSOE, pero cada vez soy menos simpatizante”.