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SOBRE EL VOLCÁN > POR RANDOLPH REVOREDO CHOCANO

El espejo

   

En Europa hay un país cuya sociedad envejece y sin incentivos para que los jóvenes puedan encontrar buenos trabajos y oportunidades, lo que le lleva a ser el único país de la Europa desarrollada con fuga de cerebros.

Gremios cerrados por doquier que hacen presión para que las administraciones y los políticos impidan pérdida de los privilegios que les permiten ser rentistas y evitar la apertura a la competencia; desde los taxis hasta las cadenas de televisión, pasando por la industria, el comercio minorista (farmacias incluidas) nada, ni la luz, parece escapar al agujero negro creado.
La educación, aunque la primaria es buena, la superior no sólo es ineficaz sino claramente corrupta (con alguna excepción); donde las formas sólo se mantienen por eso de la legalidad y se elige al preferido local sin que exista competencia real por plazas.

Las administraciones públicas están llenas de enchufados, algo nada extraño en una sociedad donde venir recomendado por alguien es absolutamente esencial para obtener un buen trabajo.

Con un mercado laboral profundamente dividido los nuevos cerebros, y sin conexiones, no les queda más remedio que aceptar empleos precarios o emigrar (cosa que ha hecho un gran número de personas, que, al preguntarles, no tienen la más mínima intención de regresar a su tierra algún día).

Tal es el retrato de Italia, que The Economist refleja en un reportaje detallado. Una vez que las nubes de las elecciones locales españolas se disipan (no sin una sensación un poco extraña) revisamos con sobresalto noticias del tipo “el gobierno renuncia a aplicar uno de los pilares de la reforma laboral” o “Zapatero no planteará más recortes en su mandato”, cuando tras la visita de un delegación de FMI se hace notar que, pese a los avances, es necesario hacer más en reformar un mercado laboral “disfuncional” para que se acerque en ciertos parámetros a niveles medios europeos y en elevar la productividad que es muy floja.

Da a veces la sensación de que no se quiere molestar a nadie hasta que algún factor externo (como una crisis de deuda soberana) llegue al país y le obligue a realizar tales cosas. Si no se hace nada, si éste o el próximo gobierno central tienen la misma actitud, esa imagen de Italia será como vernos en el espejo de un futuro no muy lejano.
¿Tendrá que quebrar Grecia para que de nuevo nos obliguen a actuar?