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DESPUÉS DEL PARÉNTESIS > POR DOMINGO-LUIS HERNÁNDEZ

El movimiento 15-M

   

Lo acaecido hace unos días en Barcelona, en relación con la parte catalana del movimiento 15-M, aclara el más de las contradicciones que encierra la llamada democracia plural. Sitúa el discurso de la representación y la representatividad frente a sus aporías. Conforme a semejante uso, su estatus dimana de la democracia dicha, y eso es incontestable. Pero el asunto es que el movimiento 15-M pone en jaque lo que defienden empecinadamente los adictos al sistema, a causa de lo que ya se ha convertido en un grito ensordecedor en casi la mitad del mundo.

En primera instancia, es preceptivo señalar la más resolutiva de las consecuencias: el despiste de la “clase” política ante una situación tal. Porque, si fuera una revolución (como le ocurre a Gadafi), los tanques y otras armas sofisticadas que nunca han estado en reserva pueden responder.

Oí a Felipe González decir que para el caso sería mejor que el movimiento dicho articulara tres o cuatro propuestas concretas. La pregunta es: ¿ante quién? Lo que se percibe es un acuerdo general y explícito del todo desplazado frente a los secuestradores de los principios que han de articular señales decisivas del Estado para con los ciudadanos.

Luego, ¿quiénes son los interlocutores?, ¿los que sostienen las anomalías?

Pongamos, en efecto, que el movimiento 15-M no es una revolución; es una respuesta. No se repite la carga bolchevique contra la autarquía zarista, del comunismo frente al capitalismo. Pongamos que la dicha respuesta del movimiento 15-M es similar a la respuesta feminista contra el sometimiento de la mujer a lo largo de los siglos, o la de los negros ante el apartheid en Sudáfrica.

Ni en el caso de las mujeres ni en el caso de los negros de Sudáfrica los interlocutores han de ser aceptados como los dueños de las diferencias. El movimiento femenino tiene como sustento reivindicar los derechos mancillados frente a quienes representan tal desequilibrio.

Y ahí ha residido su actuación en contra de. Desde las Black Women norteamericanas, dadas a cortar penes si fuera preciso, a las cándidas organizaciones religiosas de mujeres. Y cuando los movimientos contra el apartheid en Sudáfrica gritaron “una bala, un blanco”, lo fue porque frente al negro sojuzgado se encontraba el blanco usurpador, desde los ingleses que tenían su patria y sus referencias religiosas, económicas y culturales en Inglaterra hasta los boers.

Es decir, si la respuesta es por el cambio de actitudes y perspectivas, un elemento de la controversia ha de ser desplazado. No vale como cierta, única e irrefutable la respuesta del que ha de resistir semejante presión.
Ni cabe el signo de la censura (esa “pasión por silenciar” de la que habló el Nobel J. M. Coetzee) que en ese caso los dueños de las primacías proponen. No lo es, en tanto lo elemental de la censura es manifestar la unilateralidad frente a quienes, dicen, ofenden.

¿El movimiento 15-M a quién ofende y por qué? ¿Ofende a causa de su irresponsabilidad civil, de su subversión, a causa de su corrupción moral?

Es fácil retener en nuestra vista la capacidad de escenificación del Gobierno catalán en los actos recordados ahora. Incluye ese gesto, cual si de un verdadero reality show se tratara, la llegada en helicóptero del presidente al Parlament junto a otros diputados.

¿Elegidos por votación democrática para tal ocasión, por sorteo, a causa de la edad o por sus dotes fotogénicas?

Dicen que en esos casos va con el sueldo aguantar el chaparrón. ¿Se trata de eso, de sueldo para aguantar el chaparrón o de subrayar, como alternativa a las gargantas que gritan, que la violencia le quita la razón al movimiento 15-M, si es que alguna vez tuvo razón? ¿Cuándo desde esa frontera de la política se le ha dado la razón a quienes hacen política desde la otra frontera?

Lo confirmó un viejo y sabio economista y escritor hace unos días, José Luis Sampedro: el sistema financiero mundial está finiquitado; el sistema democrático también.

Luego, ¿a qué le tienen miedo los adictos al sistema?, ¿a las contadas manifestaciones de violencia de las que ni se nutre ni sustenta ni fomenta el movimiento 15-M o a lo que es incontestable?